La Semana Negra (Gijón). Foto: Daniel Mordzinski
Paco Ignacio Taibo I fue uno de esos seres humanos que después de haberlos conocido te das cuenta de que has tenido mucha suerte, sencillamente porque, como escribió Cortázar para su epitafio: “No andará otro como él”.
Paco Ignacio Taibo I (Gijón, 1924- México 2008) o PIT I como se le conocía (su hijo, el escritor y creador de la Semana Negra de Gijón, era, y es, PIT II), vivió su primer exilio en 1934, a raíz de la revolución de Asturias (su familia se trasladó a Bélgica), regresando en 1936 donde sufrieron la Guerra Civil.
Empezó a trabajar en El Comercio, hasta que en 1959 se exilió en México con Mari Carmen, su mujer, y su hijo mayor, Paco Ignacio. Allí fue una figura importante en el ámbito del periodismo cultural y en el cine, y fue amigo de muchas personalidades de la época, como Luis Buñuel y Amparo Rivelles.
Yo lo conocí siendo él director de la sección cultural de El Universal, de México, cuando su caricatura, “El gato culto”, era muy famosa en ese periódico. PIT I volvía cada verano a Asturias, y en Oviedo se veía con Ángel González, su amigo del alma. Era divertido, generoso, amable y juguetón como un niño travieso, y participó en cuantos proyectos literarios le propuse. Más de una vez, Mari Carmen y él se quedaron a dormir en mi casa. La primera vez, tras haberles preparado el desayuno, Paco me preguntó si yo había militado en el PC, “por lo organizado y cuidadoso que era con todos los detalles”.
Las jornadas de pitanza en el restaurante Casa Conrado, con Ángel, Juan Benito y Emilio Alarcos, eran antológicas. Comíamos y bebíamos y nos reíamos con la alegría que da estar entre verdaderos amigos que anteponían el placer de estar juntos a cualquier otra cosa.
Concha Quirós, decana de los libreros en España, lleva al frente de la Cervantes toda una vida. La heredó de su padre, Alfredo Quirós, que la había fundado en 1921, quien le había inculcado el amor por los libros. Paco Ignacio Taibo, que trabajó allí de chico, recomendado por María Muñiz, madre Ángel González, le dedica un capítulo en sus memorias, Para parar las aguas del olvido, que titula “Cervantes es una librería”. Coincidió de “dependiente” con Manuel Lombardero, quien fuera mucho más tarde una pieza fundamental en el desarrollo de la editorial Planeta, junto al fundador, José Manuel Lara.
Escribe Taibo en el capítulo “Cervantes es una librería”:
“El manco de Lepanto, la gloria nacional, el mejor novelista del mundo, es una librería”.
A los pocos días de empezar a trabajar le dio un libro Manuel Lombardero:
-Es Flor de leyendas, léelo a escondidas porque está prohibido.
Casi todo estaba prohibido. Leíamos, Manolo y yo, como locos.
Alfredo Quirós nos dejaba llevarnos libros a casa y los devolvíamos apenas terminados.
-¿Qué te llevas hoy?
-Nicolás Gogol
-Yo, Turgeniev.
Paco Ignacio Taibo I escribió Para parar las aguas del olvido en 1978, en su casa de México D.F., “a razón de diez cuartillas por día”, y lo publicó en 1985 en la editorial Júcar, del inolvidable Silverio Cañada, con prólogo de Ángel González, epílogo de Manuel Lombardero, e ilustrado por Antonio Suárez, amigo también y uno de los pintores del grupo El Paso.
En los años ochenta fue cuando conocí a Taibo y a Ángel y mantuve con ellos una amistad que duró siempre, y que celebrábamos cada verano que regresaban a Asturias, desde México y Albuquerque, respectivamente. Disfrutar de una buena mesa con ellos, reírnos de las ocurrencias de cada uno, y del resto de personajes de la vida ovetense, contribuían a hacerlo todo más agradable: Emilio Alarcos Llorach, Josefina Martínez, Susana Rivera, Juan Benito Argüelles, Lola Lucio, Marcelo Conrado, el doctor Cortina, cardiólogo de Ángel, que solía decirle, sin éxito: “De vez en cuando puedes beber un buen whisky, Angelín, pero, por favor, ¡no fumes!” Todo era una delicia.
Antes de que Paco Ignacio publicara otro libro ilustrado por Antonio Suárez, titulado Asturias imaginada, organizamos en el patio de la casa del poeta Alberto Vega y Paula Granados, una cena muy divertida para enseñarles las pruebas, antes de imprenta, del libro Guía para un encuentro con Ángel González que poco después publicaríamos los amigos de Luna de Abajo, cinco jóvenes emprendedoramente románticos que en lo cultural podíamos con todo. En aquella cena memorable, Ángel y Taibo, que entonces tenían 60 y 61 años, respectivamente, rieron y cantaron. Ángel, guitarra en mano ya bien entrada la noche, se arrancó con algunas canciones de tono irreverente -muy irreverente- que nos hacían doblarnos de risa. Los colaboradores de aquel libro, Guía para un encuentro…, que fue el pretexto de la noche, eran, entre otros vates, Jaime Gil de Biedma, José Agustín Goytisolo, Carlos Barral, Caballero Bonald, Paco Rabal y Juan García Hortelano.
Aquí estoy en el Conde Duque con la actriz Eliana Sánchez representando la historia de “Asturias imaginada”, en Poemad, 2015.
Las memorias de Taibo tuvieron una segunda parte que se llamó Todos los comienzos, pero esta primera entrega de Para parar las aguas del olvido, con prólogo de Luis García Montero, que ahora pone de nuevo en la manos de los lectores la editorial Drácena, es una oportunidad para volver a creer en la literatura como un arte que nos situa en la magia de la realidad, por dura que esta haya sido. Esta es la infancia recuperada de unos amigos que juegan inocentes entre los cascotes de la guerra, que sueñan mundos mejores mientras no muy lejos de allí se canta con soberbia militar el Cara al sol. Un relato entrañable de un tiempo hostil que solo el sentido del humor de Paco Ignacio Taibo I logra salvar del patetismo. Como escribió Cervantes: “Celebrándote irá, y aquel sonido hará parar las aguas del olvido”.
Esta edición se completa con notas a pie de página y un Índice onomástico.
Autor: Paco Ignacio Taibo I. Título: Para parar las aguas del olvido. Prólogo: Luis García Montero. Editorial: Drácena. Edición: Papel. Venta: Amazon
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