El chino, el negro y el perejil
/
Eran las nueve de la mañana y se me había antojado ese día hacer tabulé. No un tabulé cualquiera, sino un tabulé de verdad: ligero, fresco, oriental. El tabulé, además, me sabe a juventud. A Beirut. A amigos que ya no veo. A chicas, a aventuras, a tiempos para recordar. A todo eso.






























































