Una librería en llamas y sofocada
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Una librería es como el médico de cabecera, el consuelo para algunos males del alma y un recurso para mañanas sin sal. Podemos acostumbrarnos a una librería por cercanía, porque el librero tiene olfato fino, porque está especializada en poesía o en arquitectura. O todo eso y nada a la vez: simplemente nos gusta la escalera, el apartado de libros de bolsillo o ese cajón de madera con ejemplares de tercera mano.






























































