Zenda comparte el prólogo de Miguel Gallego y cuatro de los poemas que integran la antología Quería ser poema: Autorretratos 1959-1968, publicada por el sello editorial Papeles del Náufrago con una selección a cargo de Antonio Lafarque.
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Quería ser poema
Miguel Gallego
Me pregunto cuántos de vosotros, hipócritas lectores, habéis aprendido a ser jóvenes en los versos de Jaime Gil de Biedma. Y aún más importante, ¿cuántos habéis aprendido con él a seguir viviendo, cuando sabéis que no volveréis a ser jóvenes? Sus poemas son un manual de supervivencia para esta modernidad tardía. Su obra, en conjunto —poemas, ensayos, traducciones, diarios y cartas—, tan breve como imprescindible, es una nave que parte del siglo XX y se dirige al lector futuro, si para ese lector la juventud sigue existiendo tal y como existió durante milenios.
Pocos poetas en nuestra lengua han intentado unir a la vez la belleza, el dolor y la significación. Mito, irrealidad, nostalgia, afinidad: son algunas de sus claves. Todas ellas presentes en estos autorretratos, ejercicios «en pronombre primero / del singular, indicativo», que conforman esta selección de sus poemas que celebran los cincuenta años de la primera edición de Las personas del verbo.
Es reciente la publicación de un epistolario, desconocido hasta ahora, entre el autor de Las personas del verbo y el poeta y crítico canadiense Richard Sanger. Richard falleció durante la preparación, junto a mí, del epistolario, pero su lectura de Gil de Biedma es ahora mi Virgilio en el infierno de las moralidades. Él publicó algunas traducciones al inglés de poemas de Gil de Biedma acompañadas de un comentario crítico (London Magazine, 1983) en el que presentaba su poesía al lector anglosajón como una «poesía que reflejaba su experiencia personal en un mundo más complejo y ambiguo que el de la poesía social […] confiando más en la ironía y la inteligencia que en la mera emoción, su poesía criticaba la situación desde un punto de vista personal a la vez que conservaba un gran sentido de la forma poética y su técnica, sea en sextinas, canciones, baladas o romances a la manera de Auden o monólogos dramáticos».
La poesía es para el poeta que trabajaba en la Compañía General de Tabacos de Filipinas la recreación de uno mismo en letra impresa, «un desolador deseo de esconderse» en «el juego de hacer versos». Una forma técnica de imaginarse, de crear un ego experimental parecido al que somos y al que recreamos en forma de sílabas y cadencias.
Otro excelente poeta, crítico y traductor de poesía inglesa me escribió unas líneas, tras el envío de este epistolario inédito, que creo oportuno reproducir aquí. Confesaba cierto hartazgo del personaje, de su tono a veces pedantesco y de su coquetería, pero esta colección de cartas «me ha permitido reconciliarme con él y me ha acercado un Gil de Biedma más mayor, menos petulante (si quieres), más cercano y atento a su corresponsal, con el que sin duda se sentía cómodo para expresarse sin tapujos».
Gil de Biedma, despiadado y sentimental, afirmó en el prólogo a sus ensayos que la poesía no debe confundirse con la vida y tampoco es una herramienta para la salvación. Sanger terminaba su comentario crítico con una muy certera afirmación: «Pocos poetas han encarnado con tanta lucidez e integridad la máxima de Yeats según la cual hacemos poesía de la pelea con nosotros mismos».
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De vita beata
En un viejo país ineficiente,
algo así como España entre dos guerras
civiles, en un pueblo junto al mar,
poseer una casa y poca hacienda
y memoria ninguna. No leer,
no sufrir, no escribir, no pagar cuentas,
y vivir como un noble arruinado
entre las ruinas de mi inteligencia.
***
No volveré a ser joven
Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
—como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.
Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
—envejecer, morir, eran tan solo
las dimensiones del teatro.
Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.
***
De senectute
Y nada temí más que mis cuidados.
GÓNGORA
No es el mío, este tiempo.
Y aunque tan mío sea ese latir de pájaros
afuera en el jardín,
su profusión en hojas pequeñas, removiéndome
igual que intimaciones,
no dice ya lo mismo.
Me despierto
como quien oye una respiración obscena.
Es que amanece.
Amanece otro día en que no estaré invitado
ni a un momento feliz. Ni a un arrepentimiento
que, por no ser antiguo,
—Ah, Seigneur, donnez-moi la force et le courage!—
invite de verdad a arrepentirme
con algún resto de sinceridad.
Ya nada temo más que mis cuidados.
De la vida me acuerdo, pero dónde está.
***
Recuerda
Hermosa vida que pasó y parece
ya no pasar…
Desde este instante, ahondo
sueños en la memoria: se estremece
la eternidad del tiempo allá en el fondo.
Y de repente un remolino crece
que me arrastra sorbido hacia un trasfondo
de sima, donde va, precipitado,
para siempre sumiéndose el pasado.
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Autor: Jaime Gil de Biedma. Título: Quería ser poema: Autorretratos 1959-1968. Editorial: Papeles del Náufrago.
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