Es necesario saber lo que se siembra para no ser sorprendido por la cosecha pero, en Eva sembrando manzanas para cosechar el pecado, los únicos sorprendidos somos nosotros, los lectores. En su primer libro publicado en Brasil, la poeta mallorquina Paula Arbona pasea por el pasado y presente de un yo que colecciona más desilusiones que expectativas cumplidas, pero que ni por eso se deja abatir. El dolor es enfrentado como instrumento de la propia escritura, y es en el poema donde Paula busca, de manera incesante, capturar la experiencia para reconciliarse con el pasado y consigo misma. El resultado de esa siembra es un libro tan fuerte como delicado, en el cual la autora impone su dominio a los versos, un camino que parece haber sido elegido ante la imposibilidad de dominar la propia realidad.
Paula Arbona se justifica ante el lector, diciendo ser demasiado joven para haber experimentado lo suficiente de la vida para escribir, pero también se contradice al retratar en sus poemas experiencias intensas, fruto tanto de acontecimientos cotidianos y aparentemente banales, como el acto de cocinar con la abuela, cuanto de eventos disruptivos de los cuales ningún ser humano puede escapar, como la muerte y la violencia. Esta contradicción, sin embargo, no parece resultado del azar. Así como cuando afirma sentirse alienígena desde pequeña, la autora eleva la experiencia al centro de la condición humana. La realidad, que todos nos sentimos alienados, se escapa del papel a propósito. Este es el dominio de Paula Arbona, sembrar una cosa para cosechar intencionadamente otra. El lector sólo puede apreciar el truco de magia que la autora utiliza en esta poesía, tan íntima como política y feminista, y sobre todo, humana.
Zenda comparte cinco poemas de Paula Arbona.
***
TODOS LOS IDIOMAS DEL MUNDO
Ojalá supiera
todos los idiomas del mundo,
no para hablarlos, sino para leerlos.
El espíritu de cada lengua.
El español es la lengua de la pasión.
Te amo no es lo mismo que Te quiero.
Creo que el español es el único idioma
que ve la diferencia.
Querer no es lo mismo que amar.
Amar a alguien es ver
el rostro de Dios sin querer.
No se busca. No hay necesidad de por medio.
Cuando Dios pensó en la poesía,
probablemente pensó en lo mucho que amaba
sus rosas. No necesitaba que florecieran,
simplemente las miraba y las veía
por lo que eran.
Una rosa en flor
es la forma que tiene Dios
de decirnos Te amo.
***
MI PROBLEMA
Quizás mi problema es
que no puedo ver un árbol.
Cuando veo un árbol,
veo un bosque.
Cuando veo una persona,
veo un pueblo.
Veo sus secretos,
su pasado,
su tormento.
Quizás mi problema es
que no puedo dejar de mirar
viendo aquello que no está.
***
DENTRO DE MI CABEZA
Dentro de mi cabeza,
repito el accidente:
el sonido de los cristales,
mientras nuestros coches se vuelcan
y explotamos en cámara lenta.
Hola cariño, lo siento.
Lo siento por los huesos rotos,
por los vidrios en la lengua.
Tu mustang blanco se desangra
reluciendo como diez caballos.
Te habría perseguido en el aeropuerto,
habría saltado a la cola del avión,
llorando en tu ventanilla
hasta aterrizar en Texas.
¿Qué es lo que he hecho?
Habría construido tu ciudad,
el rifle en la mesa,
su desierto dilatado.
Habría recreado la violencia.
Perfeccionado mi acento sureño.
Por desgracia, no tuve el tiempo.
Un giro brusco del volante,
caímos sobre el asfalto,
nos revolcamos.
Busco tu mano
meses después de la oscuridad.
Lo siento por haberla amputado.
***
¿DE QUÉ SIRVE COMPRENDER?
¿De qué sirve comprender
los ojos borrosos de los viejos?
Cierro los míos
y los campos siguen siendo verdes.
No dependen de mí.
Eso me entristece.
Intento explicarlo,
pero todo lo que digo se pierde en palabras.
¿Para qué sirve esta música tan lograda?
Nada más que para escribir.
Nada más que para ser
ausencia de ausencia.
Bienaventurados los nervios ópticos
que desatienden las leyes espectrales
que usan los dedos de Dios
para coser un ciervo,
una brizna de hierba
o la mente humana.
Cierran los ojos
y los campos siguen siendo verdes.
No les entristece.
***
LO RARO ES VIVIR
Lo normal es agrietarse
como catedrales
que no se han movido,
que sólo han visto
su reflejo en los charcos.
Lo normal es
partirse los labios
por la falta de amor,
por la falta de agua
de un amor vacío.
Lo normal es morir,
vivir en una constante
putrefacción.
Mi corazón
no puede morir,
sangra
pero no se agrieta,
asoma la cabeza
en la lluvia.
Mi corazón
es la cosa rara.
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Enhorabuena a Paula Arbona por hacer realidad sus sueños.
Su poesía brota de manera natural en una mujer joven, inquieta, rebelde, valiente y, sobre todo, libre.
Paula Arbona ha llegado para quedarse.
Si esto es
poesía porque
la muchacha
escri-
be
to’ p’abajo,
pues mu bien, si
a ella le vale…
Y a lo tonto,
¡yo también
he escrito
un poema,
¡gracias!
Así es, escribir con lenguaje poético no es hacer poesía.
Ese texto ordenado de forma adecuada, como otra prosa cualquiera, es bastante bueno en mi opinión, creo que escribe ideas que le surgen de dentro y las plasma…
Con los años, y muchas lecturas de poesía de verdad, eso que le surge desordenado llegará a ordenarse en versos medidos y quién sabe, quizá también rimados…
Entonces, cuando lo leamos, no sólo veremos que son bellas ideas expuestas con lenguaje claro y poético si no que son auténticas poesías y las amaremos, aprenderemos y recortaremos en momentos especiales…
Nadie olvida a Machado después de aprenderlo.
Un saludo de quien no sabe hacer poesía y sólo puede intentar hacer alguna sátira….
La buena poesía es muy difícil, sólo para extraordinarios no para cualquiera.
Aguijón, dile a Paula
que ande primero
antes de correr rápido
aun en cueros.
Que eres buena persona,
uno lo advierte,
mas no la ayudas si es
inteligente.
Ayudar siempre quisiera
A doña Paula o a otro cualquiera…
Sólo digo que yo veo
Que saco poca chicha con lo nuevo.
Un poeta que parodia
Necesita que antes haya historia.
Todo el mundo conoce a Catilina
O volverán las oscuras golondrinas…
Por ello hace falta que primero
Escriba buenas obras alguien bueno.