Vuelvo hoy a mi ciudad. A este espacio oscuro amurallado de recuerdos. Hace tiempo que dejó de ser mi ciudad. Paseo por sus calles sin reconocerme en ellas. Desde las paredes grises, recubiertas de soledad y musgo, me asaltan imágenes, momentos que creí aparcados para siempre de mi presente. Entre estas paredes de soledad y musgo conocí, amé, aprendí, viví.
Vuelvo hoy a mi ciudad. A un espacio cuya oscuridad hace languidecer la persona que fui. Ha pasado mucho tiempo, pero vuelvo. Aun así, vuelvo. Regreso a estas calles donde la soledad se acomoda cada pocos metros. Me apoyo junto al mirador de la muralla, en aquella roca que imitaba un célebre toro, ¿te acuerdas? Nada se parece a entonces. No queda nada de aquellos años de algarabía. Nada, y sin embargo vuelvo. Quiero recorrer nuestro pasado. Quiero regresar años atrás, cuando no existían límites para nosotros. Si los había estaban, seguro, incardinados en las paredes de musgo que acaricio al pasar.
Vuelvo hoy, sola, a mi ciudad. Ya sabes que vuelvo sola. No sé si reírme o qué pensar. No sé por qué he recalcado la soledad que me acompaña desde aquellos años, cuando el destino te borró de nuestro mundo. Te recuerdo hoy en este paseo inane entre paredes grises de piedra. El musgo se ha hecho con la ciudad. La suciedad se ha hecho con la ciudad, me corrijo. Te avergonzarías si pudieras ver lo que han hecho con el escenario de nuestros momentos. Te avergonzarías y me echarías en cara esta vuelta tan inapropiada como triste. ¿Qué han hecho con mi ciudad? Sé que lo preguntarías, si pudieras hacer preguntas, si pudieras abrir los ojos. Si pudieras barrerías este musgo, esta suciedad, toda la oscuridad. Pero no puedes. Quizá por eso he vuelto.
Vuelvo hoy a mi ciudad. Tenía que hacerlo. Las noticias devastadoras del verano abrieron un hueco que creía cerrado. Los incendios descontrolados, el dolor de la tierra. Vuelvo hoy quizá también por eso, porque el dolor de la tierra hizo que reviviera el mío. ¿Por qué no? ¿Quién dice que no? Vuelvo porque los ecos de los noticieros reavivaron mi dolor, como se reavivaron los fuegos que no terminaban de extinguirse. La ayuda llegó tarde. ¿Cuándo no? ¿Cuándo no llega tarde a esta tierra de loas que, sin embargo, muere cada día en la miseria y el olvido? ¿Cuándo no?
Vuelvo hoy, lo sabes. Me consuela saber que donde estás no ves la televisión. No asististe a este dolor quejumbroso de una tierra que se quema sabiéndose aislada y olvidada. Quizá no importa que el vacío se queme. Supongo que es así, que nos han vaciado tanto de personas, de sentido, de futuro… que solo les queda quemar el escenario, quemar el aire, convertirlo en irrespirable. Supongo que sí, que es así, que no les basta con la tierra vacía y olvidada, que no les basta con hacer eco sólo del dolor y el vacío en los medios. Si ese vacío no es espectáculo ni siquiera pensarían que esta tierra existe. ¿No crees?
Existe, por eso vuelvo. Siempre digo que las cosas, las personas… deben percibirse para amarse. Por eso vuelvo hoy a mi ciudad. A esta ciudad quemada, hoy medio vacía, siempre sitiada. Vuelvo hoy. Por eso estoy aquí, porque pisarla es sentirla. Porque está sucia y entre todos quizá podamos limpiarla, limpiarla de las cenizas, limpiarla del musgo, limpiarla del odio y del vacío. Hoy vuelvo para eso nada más, percibirla, ¿te parece poco? Percibirla es para mí hacerla revivir. Por eso también pienso en ti estos días. Si te pienso te revivo, ¿también te parece poco? No te rías ni me llames intensita. No te rías, porque esto es para llorar.
Si pudieras volver lo harías. Lo sé y lo sabes. Por eso vuelvo. Vuelvo por los dos y sé, aunque no lo digas, que lo agradeces, que, aunque no puedas pisarla y sentirla como yo la siento estás agradecido por este paseo que realmente no es estéril. Vuelvo por todos los que no pueden volver, lo sabes. Porque caminar por sus calles, por estos escenarios casi vacíos es regresar a lo que fuimos, aunque muchos no puedan volver. Sé que bajo mis pies ellos también la sienten. Sé que desde donde están consuelan el dolor de esta tierra sola.
Vuelvo hoy a esta tierra, recorro las calles casi vacías de una ciudad que es tan mía como vuestra, que ruge, aunque no la veáis, aunque no os dejen verla. Está tan cerca que podríais acariciarla y sentirla, como yo la siento hoy, con todo el amor bajo mis pies.
Imagen: Muralla de Ávila, Oficina de Turismo
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