Como si no hubiera un mañana. Esta novela hay que leerla como si no hubiera un mañana. Porque así se comporta la protagonista. Desde la primera página sabemos que se acerca el desastre, el Gran Apagón; y que durará. Y nos vamos preparando para el golpe. Pero, al tiempo que se acerca el desastre global y nos preparamos, la protagonista llega desde otro desastre, esta vez personal, que vamos descubriendo a cuentagotas.
Entonces, si la de Vladimir no es una escritura “tradicionalmente” considerada femenina, entra dentro de la categoría de escritura “tradicionalmente” considerada masculina. ¿Cierto? Un libro masculino firmado por una mujer, la argentina Leticia Martin. Escritora de novelas, de poemarios, fundadora de una pequeña editorial, Martin tiene un poso literario detrás, que en estas páginas parece que ha querido borrar. Pero no puede. Ya solo con el título proclama su homenaje a la Lolita de Vladimir Nabokov. Y va más allá. “Una Lolita al revés”, dice de su historia. En parte tiene razón. Una novela en la que es la mujer madura quien tiene relaciones con chicos muy jóvenes. Una mujer madura que es una superviviente. Que lucha, maquina, reflexiona, analiza, practica el sexo. Sin piedad, sin contemplaciones. Adelante, siempre adelante.
Al leerla salta automáticamente el resorte de los prejuicios. Si el protagonista fuera un hombre, lo observaríamos con desconfianza y de reojo, nos molestaría, no nos fiaríamos ni pizca de él. Como es una mujer, esperamos siempre la redención, identificarnos con ella, comprender sus razones.
Pero no hay nada que comprender.
Ahí está el talento en esta novela. Es una historia sin moralina, descarnada, como descarnado es el lenguaje. Es una historia rápida, de acción imparable, como rápido es el lenguaje. Es una novela que se lee con la espalda encogida y el corazón en vilo. No nos da pausas para la reflexión ni la autocompasión, hay acción, acción, acción. Pero. Pero surgen pequeños fogonazos, entre desastre y desastre que iluminan la oscuridad salvaje que rodea a la protagonista:
“¿Cómo se accede a un cuerpo que sufre? ¿Es honesto hacerlo?”
Buena pregunta que Leticia Martin lanza al lector. ¿Es honesto? ¿Qué es honesto? ¿Es la actuación de la protagonista honesta? ¿Acaso queda otra opción más que la de actuar así?
Y, por qué tenemos que juzgar todo esto, me pregunto. Si la propia Leticia Martin no juzga, nos ofrece las vísceras palpitantes de sus protagonistas para que las tomemos en un banquete sagrado.
Porque, y aquí sí que leemos la voz de la autora:
“… no escribir y pensar es entregarnos a la muerte”.
Que Vladimir haya logrado el primer premio Lumen es muy definitorio. Se ha premiado un libro diferente. Que rompe con muchas tradiciones y prejuicios. Que se mimetiza con nuestra época: una historia post-pandemia, con ese sabor amargo a ceniza que dejó detrás. A mí me recuerda a The Road, de Cormac McCarthy, pero pasado por el espíritu porteño. Novela-obertura también, narra el principio de todo lo terrible que vendrá después. Novela-premonición. Una premonición que nos deja con ganas de saber más… Y entonces ella, la protagonista, en algún momento de la acción, dice:
“No nos vamos a morir acá”.
Y ya está todo bien, ya quedó todo claro.
Y si no, empecemos otra vez.
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Autora: Leticia Martin. Título: Vladimir. Editorial: Lumen. Venta: Todostuslibros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.
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