Querido y admirado Juan Sebastián Elcano:
Hace poco se celebró el quinto centenario de la Primera Vuelta al Mundo (1519-1522) y fueron muchos los actos, las exposiciones y los libros que se dedicaron a esta gesta, pues gesta hay que llamarla.
Qué gran marino debiste de ser. Yo creo que cuando la Historia y las circunstancias, tu propia vida, te exigieron dar lo mejor de ti, ya estabas sobradamente preparado, ya tenías toda la capacidad para hacer lo que se te pedía. Y es entonces cuando tomas la Victoria, nombre premonitorio, y la llevas a través del Índico, primero, y después del Atlántico, tras atravesar el cabo de Buena Esperanza, en el extremo de África, y consigues culminar la Primera Vuelta al Mundo, en este grandísimo viaje, único, que había iniciado tan valerosamente Magallanes, tan arriesgadamente.
Y, como me recuerda mi amigo el capitán de navío (r.) José María Blanco Núñez lo haces por una ruta inédita: “Esto es importante. No es la ruta de los portugueses, como se ha dicho muchas veces, sino una ruta completamente nueva”, adentrándote en el océano Índico.
Creo que eres uno de los españoles más importantes de la Historia de España, y no te conocemos bien. Una vez leí, cuando me documentaba para escribir mi novela Cid Campeador, que en la época del Cid sólo se escribía sobre los reyes, y por eso era más difícil saber cómo fue el propio Rodrigo Díaz de Vivar, y pienso que eso ha sido así durante más tiempo, en otras épocas. De ti no sabemos mucho, incluso yo, que me he interesado en saber más de la Primera Vuelta al Mundo, tampoco sé mucho de ti.
Por ejemplo, el libro que escribió sobre ti José de Arteche, que me gusta tanto, no dice mucho de tu vida, porque no se conoce casi nada, salvo algunos datos antes del gran viaje, y algunos hechos más que sucedieron después, como la expedición de Loaysa en la que participaste y que te llevó a la muerte (sepultado en el Pacífico, tu última morada, en el fondo la que te era más natural), o la información de tu testamento, que nos revela tu afición por la ropa buena y probablemente tu carácter un tanto presumido por vestir más que adecuadamente.
También creo que tu vida, apenas 39 años, al final se resume en su culminación, en esa gran empresa en la que trabajaste, en la que navegaste para gloria de la nación española y del mundo, pues es muy cierto que la Primera Vuelta al Mundo es una hazaña universal que pertenece a todos los seres humanos.
Recuerdo ahora lo que escribió Cervantes cuando terminó su Quijote, haciendo hablar a su pluma y diciendo que aquella empresa para ella, para su pluma —es decir, para él—, había estado reservada. También la culminación de la Primera Vuelta al Mundo para ti estaba reservada, porque según leemos en la Historia, y tras la muerte de Magallanes, todo fueron titubeos, vacilaciones y fracasos, en el mando de las naves de la expedición, hasta que tú te eriges, te nombran, capitán de la Victoria, y logras llevarla hasta el mismo punto de donde partió, Sanlúcar de Barrameda, cerrando el círculo, porque tú y tus hombres teníais ya muy claro que queríais dar la vuelta al mundo. Desde Tidore ya queríais hacerlo.
Cuántas veces os he imaginado navegando por todos esos mares de Dios, pasando mil penurias, desafiando lo imposible, demostrando que el ser humano puede lograr lo inalcanzable porque él mismo, con sumo esfuerzo y sacrificio, lo sabe conseguir. “Plus ultra” era el lema de Carlos V, pero antes que él la expresión era “Non plus ultra”, aludiendo al final del mar y la tierra en Gibraltar o Finisterre.
Y el lema del escudo que a partir de entonces ostentaste: “Primus circumdedisti me”, “Fuiste el primero que la vuelta me diste”, y espero no pensar mal pero no me quedó claro si te llegó el dinero con el que Carlos V premió tu éxito. El capitán de navío (r.) José María Blanco Núñez me contó que sí que ganaste dinero al final, y que se cree que fue por la venta de la mercancía de la Victoria. Desde luego, por tu testamento sabemos que sí que ganaste dinero. En cambio sí que me queda clara la gloria cosechada por ti y por tus compañeros: habíais conseguido, con un alto coste de vidas y de barcos, algo inédito en la Historia de los hombres, y los españoles de la época tenían que miraros como a héroes.
En los años en que se celebró el V centenario de la gesta leí muchos trabajos, varios libros, muchos artículos, asistí a conferencias, de bastantes expertos, por ejemplo de Tomás Mazón, autor de un interesante libro sobre ti y el viaje, Elcano: Viaje a la Historia. Yo fui a una de las presentaciones de este libro, en Madrid, y lo entrevisté dos veces para Zenda, una de ellas muy extensa.
Y ahora te digo lo que me sugiere tu nombre, Elcano, Juan Sebastián Elcano. Me sugiere mar, marino, barco, pericia, maestría, liderazgo, valentía, decisión, resistencia, justicia, honestidad.
Recuerdo que hace mucho tiempo, cuando era muy niño, visité con mi familia Barcelona. Allí mi padre compró una réplica del buque escuela Juan Sebastián Elcano que todavía luce en el salón de nuestra casa. Ese magnífico barco sólo podía portar un nombre a su altura. Al conocer mejor vuestro viaje, al reflexionar sobre él, y sobre ti, he llegado a la conclusión de que debías de tener toda la capacidad para afrontar aquel desafío, sobre todo al llegar al mando de la Victoria. Y es que cuando uno está preparado, llegado el momento sabe demostrarlo. Es aquello que nos explicaban en clase de Filosofía de lo que está en acto y lo que está en potencia. La hazaña estaba en ti en potencia, por tu maestría en el arte de navegar, y luego estuvo en acto cuando pusisteis en obra lo que sólo era un proyecto, una “ilusión”, como sugiere en algún momento de su obra Tomás Mazón.
Para mí la Primera Vuelta al Mundo fue sobre todo obra tuya y de Magallanes, que concibió el viaje a las Molucas por el negocio de las especias. Y también por supuesto de los hombres de la tripulación, especialmente los afortunados, apenas un puñado (18 en total), que volvieron a España.
Nuestra vida es ancha, muy ancha, larga, muy larga, en ocasiones. O lo parece. La vida, también la Historia. Nosotros la acompañamos, la protagonizamos con mayor o menor fortuna, en verdad, durante un breve lapso de tiempo. A ti te tocó tener un papel destacadísimo en aquel breve lapso de tiempo que te tocó vivir. Y, como dice Mazón, entraste en la Historia, ya para siempre, aunque en algunos lares se haya minimizado tu actuación, tu papel. Pero aquello fue una obra colectiva que, insisto, encabezasteis tú y Magallanes, aunque tú, por lo que sabemos, tenías un estilo de liderazgo mucho más democrático que el de Magallanes, si bien yo he pensado muchas veces, al repasar esta historia, que si Magallanes no se hubiera impuesto muchas veces se lo habrían comido, literalmente.
Pero ésta, querido y admirado Juan Sebastián, es una historia muy compleja que necesita un espacio mucho mayor que una carta para ser contada, para hacerle justicia.
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