Querido Superlópez, querido Jan:
Cada cierto tiempo vuelvo a vuestras historias. Es un gran placer para mí, porque me siguen encantando, tanto o más que cuando era pequeño, y a la vez de disfrutarlas como si fueran nuevas —algunas lo son— rememoro esa etapa de mi vida. Cuando somos niños parece que siempre lo vamos a ser y la percepción del tiempo difiere mucho a la que luego tendremos, porque después miramos esta época, pongamos los doce, trece primeros años de nuestra vida, y nos parece poco tiempo. Cuando lo vivimos, al menos me ocurrió a mí, parece muy largo. Toda una vida. Pasan muchas cosas en la infancia, aunque a nosotros nos puede parecer, mientras lo vivimos, que no pasa nada. Nos pensamos insignificantes, de niños, pero en realidad somos muy importantes. Ahora recuerdo aquello que decía García Márquez de su niñez, que fuera de ella no le había ocurrido nada destacable.
Algo muy destacable que me ocurrió cuando era niño, y ya no tan niño, fueron los libros, la lectura, porque leí mucho y con fruición, disfrutando, aprendiendo. Tanto… Sintiendo que los libros nos llevan en volandas a un mundo mejor, mucho mejor. O así lo sentía yo leyendo Tintín, Astérix, Superlópez… Creo que el mérito de estas obras, por ejemplo, es enorme, como lo es la calidad de sus dibujos y de sus historias, y de la documentación de la que se sirvieron sus autores para realizarlas.
Ahora, querido Superlópez, querido Jan, estoy con vosotros. Me resulta muy sorprendente que vuestras historias, siendo parodia de otro cómic que además me encantaba (me encanta), el de Superman, me resulten tan estimulantes, me gusten tanto, y que este hecho, esa parodia, lejos de perjudicar el efecto que me producía Superlópez, el placer, la admiración… lo acrecentaba. Lo acrecienta.
El Quijote también es una parodia, sublime, en mi opinión, y Cervantes a partir de ese juego paródico con las novelas de caballerías profundiza de forma magistral en toda clase de temas y personajes. Hasta el punto de que ahora vemos su época a través de este libro, grandioso libro. Para mí Superlópez, querido Jan (te llamo “querido” aunque no te conozco, por la cercanía que me proporcionan tus libros), es un caso similar, y a partir de Superman realizas un acto de creación en toda regla, profundizando, como Cervantes, en toda clase de tierras y personajes. Y luego hay otros muchos juegos en estos cómics, como los hay en el Quijote. El lector capta mucha riqueza en tus historias, de forma y de contenido. Tus dibujos me parecen cada vez mejores con el paso de los años, y los álbumes una evolución gozosa de seguir.
Hablaba de “juegos”. Me llama la atención, por ejemplo, que la “chica” del cómic se llame Luisa Lanas, cuando en Superman teníamos a Lois Lane, pero dándose la circunstancia de que tu Luisa Lanas no tiene buen relación con Superlópez (lo llama a menudo “medianía”), y sí mucho mejor con Juan López, su compañero de trabajo e identidad oculta de Superlópez.
He releído estos días algunas de tus historias, y también he leído algunas que no conocía. Por ejemplo, acabo de comprar Un camello subió a un tranvía, en Grenoble, y el tranvía le está mordiendo la pierna, fechado en mayo de 1991, y me ha gustado mucho. Manuel, el librero de El Desván del Libro, librería de viejo que frecuento mucho, me ha dicho que por lo que parece tu última historieta publicada fue en 2022, es decir, muy recientemente.
Querido Jan, sé que eres mayor, o que has cumplido muchos años —siendo joven y vital como tu obra—, y no sé si sigues dibujando. A mí me gustaría mucho que lo siguieras haciendo para seguir disfrutando de tus libros. Pero lo cierto es que tengo todavía muchos por leer, pues los disfruté sobre todo cuando era niño y desde entonces tú has seguido publicando. Pero estos últimos años me he puesto bastante al día y he comprado bastantes que no había leído. Reencontrarme con Superlópez y todos sus amigos, y tácitamente contigo, siempre es una satisfacción, satisfacción lectora, del hombre que soy y del niño que siempre llevo dentro, el niño de siempre.
Cuando leo las aventuras de tu Superlópez siempre lo hago con una sonrisa en los labios, divirtiéndome mucho, y a menudo me digo: “¡Qué bien está hecho esto!”
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