Querido Adso, querido Guillermo:
Yo lo he leído varias veces, dos completas y una más por partes, porque me gusta penetrar en esta obra laberíntica, riquísima, y leer por aquí y por allí, subrayando, anotando en los márgenes, como viviendo con mi lápiz (portaminas) con vosotros y vuestras pesquisas dentro de la abadía, “la abadía del crimen”, como se llamaba un magnífico juego de ordenador que disfruté siendo niño. Lo quisieron llamar El nombre de la rosa, pues en todo estaba inspirado en la novela, pero le cambiaron el nombre por un problema de derechos. Recuerdo que compré este juego, que era para un sistema diferente al de mi ordenador, y tenía que jugar a él en casa de un amigo. Recuerdo que lo compré sobre todo por el placer de tenerlo y de acceder a él, porque era un juego sensacional, como lo es la novela, por supuesto.
Yo hace años la hubiera preferido más sencilla, más directa, con menos latín, por ejemplo, pero con el tiempo me he dado cuenta de que está bien como está. Antes, hace años, decía que era una “novela para profesores”, y de algún modo lo sigo pensando, porque sólo sabiendo mucho, y de determinadas materias, se puede entender plenamente, pero reconozco que su misterio también le da encanto, sabor.
Y luego, además, a mi modo de ver, cuenta con el apoyo de la película de Jean-Jacques Annaud, que me parece una gran creación también, esta cinematográfica, tan meritoria como la novela. La película, siendo excelsa, simplifica la novela en el argumento, la hace más accesible, aunque está perfectamente ambientada e interpretada. Puede que sea el mejor papel de Sean Connery, y tiene muchos y muy buenos a lo largo de su carrera. Esta es una película que uno no se cansa de ver, que siempre capta y aprende detalles nuevos en ella, y lo mismo ocurre con la novela, rico panal, tesoro siempre abierto a los ojos amantes de la literatura, del arte, del saber…
Umberto Eco, cuando la terminó, se dijo a sí mismo que ésta iba a ser su única novela porque en ella había metido todo lo que le interesaba. No fue así, ni mucho menos, pero El nombre de la rosa es por lo menos especial, y un día, por ejemplo, me dijo Luis Alberto de Cuenca que era la única novela que le gustaba de Umberto Eco. No es el único que piensa de este modo.
Siempre es emocionante ver cómo os adentráis en la abadía, cómo Guillermo, cuando habla, siempre os enseña y explica, Adso. Este es un libro sabio, pleno de conocimiento, pero también jugoso, entretenidísimo, ya digo, para volver a él periódicamente, algo que es propio de los grandes libros, como el Quijote, o las obras de Ortega, algunos libros de Cela… por citar algunos escritores que me entusiasman.
Nuestra imaginación es hirviente y seguro que muy hábil, pero sin duda la película de Jean-Jacques Annaud llega donde no puede llegar nuestra imaginación, y ofrece la Edad Media más convincente, una abadía en la cual perdernos todos los lectores durante la semana en la que os movéis en ella, en efecto, pero también un sitio en el cual quedarnos, porque a qué amante de los libros no le hubiera gustado conocer aquella biblioteca, o consultar esos libros de sus anaqueles y repisas, libros entre la realidad y la leyenda, libros por los que suspiran Guillermo de Baskerville y algunos monjes de la abadía, pues todo ello desencadena la historia de El nombre de la rosa. Yo también suspiro por esos libros, sospecho que todos los lectores del libro, y en compañía del propio Umberto Eco, que sin duda escribió esta novela no sólo porque tenía ganas, como dijo, o para divertirse y divertir al lector, como también declaró en sus Apostillas al libro, sino también por necesidad, necesidad del conocimiento y necesidad literaria.
Leyendo el libro, Guillermo, y viendo la película, me doy cuenta de que eres un auténtico sabio. Cuando está ardiendo la biblioteca tú lloras, lloras mucho, pero no lo haces por tu muerte, que luego no se producirá, lo haces por la pérdida, la quema, de los libros, pues todo son muy valiosos, y algunos seguramente únicos.
De hecho cuando sales de la biblioteca milagrosamente ileso, llevas contigo todas las joyas bibliográficas que has podido salvar, entre las manos, y envueltas en tu sayo de franciscoano. Para mí la inteligencia y la sabiduría quedan retratadas perfectamente en ti en la novela y en la película. Y tu relato, querido Adso, es excelente. Estoy tentado de decir que merecería ser auténtico, real, histórico, pero tal vez la ficción constituya un grado más de la realidad, en tanto y en cuanto nos divierte, nos evade de la propia realidad, tan dura, y nos enseña a vivirla mejor, dotándonos de fuerzas insospechadas para afrontarla. Como dijo Arturo Pérez-Reverte que le ocurrió con El nombre de la rosa, aunque yo creo que él se refería más a lo puramente literario, esta es una lectura que nos reconforta. Nos hace más fuertes, en cierto modo, algo impagable. También más felices, en mi opinión.
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Buen escrito. Aunque haga sólo un año que lo releyera, tras este artículo/carta, me despertaron las ganas de volver a hacerlo. La película también, obvio.
En mi opinión está adaptación es la mejor que se ha llevado al cine junto con la de El padrino de Puzo.Obra maestra.