Si existe un escritor para quien la fantasmagórica ilusión de la ficción se convierte en un territorio tan familiar que se hace insoslayable de la propia identidad narradora que lo configura, ése no es otro que José María Merino (A Coruña, 1941). Pocos autores han calibrado la potencia del magma imaginativo que nos alienta como este miembro de la Real Academia Española, ya desde que entregara hace casi medio siglo La novela de Andrés Choz (1976). Libro a libro, Merino ha logrado eso tan difícil que es hacerse reconocible, aun cuando los registros que despliega sean dispares, desde la fábula a la ciencia ficción, la novela histórica o la realista, concepto este último de una amplitud y extensión tales que obligan a cuestionar barreras de término ya de por sí enormemente dilatadas en los últimos tiempos. Él ha sido uno de los artífices de la ampliación territorial de lo que viene considerándose realismo. Porque qué más realista que las invenciones que nos asolan en sueños, en la vigilia, en ese lugar mágico de la duermevela o en las ensoñaciones que acontecen bien despiertos entre la consulta del dentista y la cola de la panadería. Todo deja poso, y todo tiene peso en la configuración de nuestro imaginario vital. Para él —confiesa— “las cosas, los sucesos, existen en tanto que se cuentan, pues únicamente su relato consigue que adquieran la dimensión de lo que se puede identificar y comprender. Y lo fantástico establece con certeza esa realidad independiente, distinta de la vivida y cercana a los sueños, que sólo la literatura es capaz de sugerir y suscitar.”
Con Yo y yo en breve, Merino entrega un volumen de más de trescientas páginas que ahonda en su irreemplazable idea de la ficción, y en particular del cuento literario, del microrrelato en este caso. La aparición del ChatGPT (“una metomentodo, y lo digo sin ganas de molestar”) aporta un enriquecimiento de los temas a los que ya nos tenía habituados el autor de Las historias del otro lugar (2010) y El libro de las horas contadas (2011), aquéllos en los que el asunto del doble, la frontera de lo onírico, la intersección de mundos, la animación de lo cotidiano, los mundos posibles, en definitiva la vida contada al modo en que sólo puede contarla José María Merino, acapara nuestra atención lectora. Para ello, el autor se sirve de un recurso metaficcional con el que da rienda suelta a su imaginario, convocando para la ocasión de nuevo al profesor Eduardo Souto, un personaje ya de larga trayectoria en la obra del este hijo adoptivo de León. Si hasta los cuentos se le rebelan (“¡Nosotros queremos entrar también!”, clama con voz reivindicativa uno de los cuentos que se rescata con más de cuatro lustros de antigüedad, dada su fugaz aparición en un volumen colectivo, y así alguno que otro más).
Maestro indiscutible de la ficción breve, Merino (Cuentos del libro de la noche no tiene desperdicio) arma un artefacto en el que inventa un imaginario curso de narrativa breve en el que los participantes y él mismo aparecen en el volumen como artistas invitados al escenario virtual del taller, enriqueciendo las aportaciones de cada cual con la inclusión de personajes que por vicisitudes varias y siempre desde la travesura bien trazada dejan su huella en historias intercaladas, o bien mezclando el comentario de rigor a lo leído y analizado por el dinamizador del curso, que no es otro que el propio Merino desdoblado. Asimismo, el conjunto se completa con fotografías y dibujos muy cercanos al trazo de Merino (aquí debería ir un emoticono con guiño incluido y rictus de elevación de aleta nasal) y al de sus familiares femeninos directos (tía, hija y nieta). En fin, una excelente colección de setenta y seis cuentos en los que el escritor da rienda suelta a su imaginación y obliga a pensar, por si todavía no había quedado claro, que es la mirada la que inaugura universos, y la de Merino es de tal calibre que merecería con justicia el nombre de El Hacedor. Búsquense un agujero negro, instálense en el horizonte de expectativas y déjense resbalar por el borde. El viaje no podrá ser más venturoso y nutritivo. Como diría un exorcista ilustrado, es el poder de la fantasía quien lo ordena. Sal de ese cuerpo, entra en otra dimensión. Y “¡sálvalos, sálvalos!”. Salvémonos, pues.
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Autor: José María Merino. Título: Yo y yo en breve. Editorial: Alfaguara. Venta: Todos tus libros.
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