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El cine iberomamericano triunfa en la 75 edición de la Berlinale

El cine iberomamericano triunfa en la 75 edición de la Berlinale

El pasado sábado 23 de febrero concluyó la más reciente edición del Festival Internacional de Cine de Berlín, Berlinale, con una ceremonia de premios que destacó la presencia del cine iberoamericano. De las tres películas que participaron en la Sección Oficial a competición, dos fueron galardonadas con importantes premios.

La película brasileña O último azul, del director Gabriel Mascaro, se llevó el Gran Premio del Jurado, después del Oso de Oro el premio más prestigioso dentro de la categoría de competición. Ambientada en un pueblo de la Amazonía brasileña, en un tiempo inquietantemente similar al actual, la historia presenta un mundo en el que las personas de más de 75 años se ven obligadas a trasladarse a vivir a colonias dispuestas por el estado, aliviando así la carga de las generaciones más jóvenes y productivas. Más que una distopía, la película ofrece una visión exacerbada de la realidad contemporánea, donde la presión del sistema y las crecientes crisis económicas y sociales imponen un ritmo de vida agotador, en el que aquellos que no encajan en la lógica de la productividad son descartados.

"Este tipo de cine nos recuerda su capacidad para estimular el pensamiento crítico y ofrecer una mirada profunda sobre el mundo que nos rodea"

Por su parte, el director argentino Iván Fund recibió el Premio del Jurado por El mensaje. La película sigue la historia de una familia poco convencional: una pareja conformada por un hombre y una mujer que, junto a una niña de 11 años, recorre distintos pueblos de Argentina en su furgoneta. La pequeña posee un don único: puede comunicarse con los animales, y gracias a ello, el grupo se dedica a resolver, a cambio de dinero, los problemas y dudas de las personas con sus mascotas. Con un uso mínimo del diálogo, la película transmite su mensaje a través de las sutilezas del lenguaje no verbal, los gestos y, sobre todo, los silencios, explorando la fuerza de los vínculos humanos y el proceso de crecimiento y emancipación durante la infancia.

Aunque Dreams, del director mexicano Michel Franco, no obtuvo ningún premio en esta edición, dejó una fuerte impresión con su retrato de la compleja relación entre México y Estados Unidos. La historia sigue a un bailarín mexicano de treinta años que decide cruzar la frontera en busca de su sueño, pero también para estar con su novia, una mujer mayor que él y miembro de la alta sociedad estadounidense. Como es característico en el cine de Franco, la película evita la dicotomía entre buenos y malos y presenta a sus personajes en toda su complejidad. A lo largo de la trama se evidencian las sutiles formas de violencia que sufre el protagonista por parte de su pareja, quien aparentemente intenta ayudarlo, siempre y cuando este no se salga del rol que se le ha asignado. Por su parte, el bailarín no encarna la imagen idealizada del migrante que lucha incansablemente por sus sueños; en cambio, se muestra con matices, reflejando las contradicciones y extremos a los que pueden llegar los seres humanos.

En un contexto político tan inquietante y amenazador como el actual, estas películas invitan a reflexionar sobre cuestiones sensibles y determinantes de nuestro tiempo: el autoritarismo estatal y la creciente aceptación de políticas deshumanizantes, el abuso de poder y la violencia que se esconde detrás de supuestas ayudas y benevolencia… Este tipo de cine nos recuerda su capacidad para estimular el pensamiento crítico y ofrecer una mirada profunda sobre el mundo que nos rodea, más allá de algoritmos, noticias y tendencias.

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