Damián Ríos es un poeta y editor nacido en Concepción del Uruguay, Argentina, en 1969. Vive en Buenos Aires. Ha publicado los poemarios La pasión del novelista (Ed. del Diego, 1998), Poemas perros (Buenos Aires, Ediciones Belleza y Felicidad, 2002), El perro del poema (Bahía Blanca, Vox, 2005), Como un zumbido (Gog & Magog, 2009), El verde recostado (Córdoba, Caballo negro, 2013), Hace mucho tiempo (Rosario, Iván Rosado, 2017), la novela Habrá que poner la luz (Bs. As, Ediciones del Diego, 1999) y la colección de cuentos Bajo Cero (Rosario, Iván Rosado, 2013). Sus poemas han sido traducidos por Tom Schulz y Timo Berger bajo el título Überall das gleiche Licht (Colonia, Parasitenpresse, 2007). Dirigió la editorial Interzona Editores en Buenos Aires y fundó, junto con Mariano Blatt, la editorial Blatt & Ríos en 2010. Presentamos una selección en la que la mayoría de los poemas están tomados de Pan y cielo, antología de su obra poética publicada por la editorial Tenemos Las Máquinas en 2024.
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Años y años para ser feliz,
para sentir este frío agradable
de la mañana y los vehículos
ahí en la calle con sus motores
y sus cambios de marcha y sus frenos
y los vendedores que empiezan a vocear
«barbijos», «barbijos» y la gente que para
y compra cinco por cien.
Años y años para este milagro.
***
Maruca hacía una hermosa letra.
Cursiva, elegante y muy armoniosa,
llenaba páginas que parecían
dibujadas, sin embargo no había
esfuerzo cuando las hacía.
En la familia la buscaban
para que escriba las cartas
que así nos salían mejores,
mostraban cómo estábamos
y cómo queríamos estar.
Solo la letra de Maruca
podía decir tantas cosas
con apenas unos trazos.
***
Amar y estar,
decir con la presencia
o con la sombra en un lenguaje
común, microscópico, infinito.
Me despertaste para ver
cómo se encendían al alba
las luces del edificio de enfrente,
te parece hermoso. Es hermoso.
***
Al invierno y a las luces que se adelantan
en las casas y a los motores
que se dirigen a sus garajes
y a los patios bajo la luz cenicienta
y a la noche que se asoma
mientras los cartoneros revisan
la basura dedico estos pensamientos.
Las ciudades medio vacías,
los abrigos en los que se meten
los transeúntes. Las redes sociales
chirrían como bisagras oxidadas
y el aire está apenas menos que helado.
Dobla la ciclista en la avenida
mientras la que mira por la ventana
respira hondo y se angustia.
En la calle el semáforo se pone
en rojo y uno de buzo gris
le dice a una con el pelo teñido
de negro “veintidós de abril”,
se refiere a un cumpleaños.
Hoy es veintiséis de junio
y es noche en esta parte del mundo,
en la autopista los autos bajan
las luces y hacen guiños.
El acompañante del que maneja
el utilitario le saca charla,
le cuenta de su juventud, de la colimba
y de cómo conoció a la madre
de sus hijos. Eran jóvenes los dos
y ella era leve y graciosa. Los faros
iluminan la ruta casi desierta.
El que maneja agradece la charla,
está cansado y tiene miedo de dormirse,
al poco tiempo el acompañante del que maneja
va a suicidarse en un departamento prestado
y el que maneja va a tener que
dar la noticia a los amigos.
***
A la tarde, a la noche y a la mañana
van estos pensamientos, a las nubes
de los días nublados y al sol
que las ilumina desde arriba y colorea
el día con esa luz tristísima, en la que se
confunden las paredes blancas de los edificios
con el aire y hace pensar que las ciudades
flotan sin gravedad y en las que apenas pesa
el rumor de la hermosa vida
que fluye sobre la Tierra.
***
Veinticuatro
En Entre Ríos se amontona el mismo sol
que pesa en las calles de ripio, se diría
que ése es su color, el color de las piedras
y no el de la vegetación
a las siete de la tarde bajan
los mosquitos y mi padre
los espanta con un trapo
y ya no hablamos
más que de los mosquitos
hay olor a asado
el primo se compró un auto
la prima bajó sesenta kilos
y me acuerdo y no me acuerdo
del pueblo: hay skaters
chicos en la esquina
y se habla de birra, faso:
o perdí el oído o cambió el tono,
igual está todo bien,
echale menos sal a la carne
y agregale limón al vino
que es todo más suave.
***
En lo alto del estante,
como si el que mira
estuviera en otro planeta,
le llega la luz de las lámparas
al globo terráqueo
que papá nos regaló.
Es una esfera perfecta,
cabe en una mano.
Quiero llegar a viejo
para hacer regalos pequeños.
***
Un poema
El sol ilumina la ciudad
en donde vivo, el barrio,
la calle, el edificio y la ventana.
Llena de luz el aire que respiro,
mi cara, mis ojos. Soy feliz
con este sol que entibia mis huesos
y me hace pensar que pagaré mis deudas
y que volveré a casa esta noche
con ganas de hablar y de decir
soy más o menos yo
y soy, insisto, feliz en este tiempo
en que otra y uno hacemos cosas
de los dos para vivirlas cada uno.
Estamos juntos.
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