Nadie está preparado para despedirse de un ser querido. De hecho, el dolor de una pérdida comienza con solo imaginarla. El adiós definitivo y el inicio del duelo empiezan a vislumbrarse en el momento en el que alguien se cuestiona cómo será su vida a partir de la ausencia de su ser querido. Es desgarrador tener que aceptar una realidad venidera que, por más dolor que ocasione, es inevitable e irreversible. Ese sentimiento de angustia y resignación es el que envuelve la vida de Estanis, protagonista de Empujar el sol, la novela del barcelonés Dioni Porta.
Empujar el sol narra la historia de Estanis, un anciano entrañable y prejubilado, que vive en un pequeño barrio de Barcelona con su mujer, Cloti Prats, y su cuñada Elvira. Ambas, fumadoras, poseen serios problemas de salud. El relato nos introduce en la hostil cotidianidad de Estanis, donde los reproches, las palabras envenenadas y la envidia de su cuñada conviven bajo el mismo techo que el inmenso amor que se respira entre él y Cloti. Su día a día está marcado por las grandes pugnas que tiene con su cuñada y por la desesperación que le genera presenciar el deterioro continuo de su amada Cloti. Las peleas y desacuerdos entre Elvira y Estanis son extremadamente graves, dañinos, peliagudos y generan tanto impacto en el lector que, en ocasiones, se ve obligado a cerrar el libro para digerir las tremendas agresiones verbales que sufre nuestro querido Estanis. Es bien sabido por todos que alguien exento de inteligencia, amargado, sin sentido común y con malicia sólo puede aguar la fiesta y perturbar la vida de quienes son todo lo contrario.
Por su parte, el protagonista acepta la llegada de su propia vejez positivamente, a la par que realiza sus rutinas matutinas de taichí con las que saluda al sol —o empuja su salida—. Estanis se lamenta de errores cometidos en el pasado, fallos que definen su actual identidad, como por ejemplo, su matrimonio fallido. Tras tantos errores, se cuestiona si su vida ya ha llegado a su final o si aún puede hacer algo más con ella para empoderarse y recuperar la paz y felicidad que tanto ansía. En ocasiones la técnica narrativa se mezcla con el ensayo, las ideas filosóficas existenciales, el humor, o incluso se pone al servicio de la descripción.
El estilo y el lenguaje de la novela son la guinda del pastel. En capítulos cortos, emplea un lenguaje ligero que plasma la cotidianeidad, —como la descripción de dejar correr el agua de la ducha hasta que salga caliente—, que hace que la lectura fluya del planteamiento, al nudo, y finalmente hasta el desenlace. Sin apenas darse cuenta, se llega a su inesperado final. El relato está inserto en el siglo XXI, gracias a referencias como al WhatsApp, o a enfermedades pandémicas que han atormentado a la humanidad este último siglo, como son el ébola, el zika o la Covid-19. El transcurso de la vida de nuestros protagonistas no se ve exento de sufrir cambios radicales y percances por estas enfermedades contagiosas.
La trama se ambienta en un barrio barcelonés, entre tres espacios principales: su casa —o cárcel—; la comunidad de vecinos —con vecinos de todo tipo—; y el bar Danubio —su liberación—. Su cárcel, un piso con negrura, humedad y frío, está caracterizada por el tono imperativo y contestatario de su cuñada Elvira, quien siempre “está dispuesta a hurgar en la herida”, controla el dinero de Estanis y opina de todo. Se presenta claramente como el perfil de una persona maltratadora psicológica, debido a sus faltas de respeto constantes, sus palabras abrasadoras, las miradas chantajistas y, hasta con los más crueles reproches: “Pareces tonto (…). Estas con mi hermana porque eras el que pasaba por ahí”. En contraposición, está Cloti Prats, enferma de alzheimer, quién es pura dulzura. Vivieron un amor real Estanis, y ella, de hecho, salvó a Estanis de su estado depresivo y este aún se enternece —y se excita— al rememorar el amor vivido con Cloti. Cloti ve venir su muerte y en numerosas ocasiones explicita verbalmente que no quiere vivir si no puede ser totalmente autónoma, o que la ayuden a morir si es necesario. Como su salud va progresivamente en declive, tira la toalla de sus propios cuidados y se apoya en Estanis y en sus cuidadores, Laura y Taylor. Por otro lado, la comunidad de vecinos, que recuerda a la mítica serie Aquí no hay quien viva, está conformada por el áspero, altivo, frívolo, superficial y clasista doctor Canet, epidemiólogo del Vall D’Hebron; y por el simpático dúo de Jordi y Celeste, profesores de teatro. El bar Danubio es, sin duda, la vía de escape de Estanis, donde se ha conformado una gran familia entre partidas de ajedrez y póker entre Justina, Jacob, Lambert, Olivares y Pou, lo que recuerda que hay amigos que te rescatan de tus peores momentos y que son más que familia.
Empujar el sol posee un lenguaje natural, sencillo y personal, sin abundantes recursos retóricos, y trata temas como la evasión, el paso del tiempo, y un compendio de problemas personales desde un punto de vista subjetivo: el de nuestro entrañable Estanis. De su mano, asuntos como el dolor existencial, el amor incondicional, o la supervivencia, se abordan con un gran escepticismo. Sin duda, la bien trazada trama que se presenta en sus páginas merece ser leída, puesto que presenta una historia que funciona bien en su esencia, que hace su cometido sin necesidad de adornarla.
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Autor: Dioni Porta. Título: Empujar el sol. Editorial: Pepitas de Calabaza. Venta: Todos tus libros.
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Empujar el sol resulta una lectora que rompe, confunde y excita. La vejez y la necesidad de refundarse mezclan milagrosamente bien, y te envuelven en un traje que, en muchos momentos, parece hecho a la medida propia o de otros amigos y familiares. Y como dice el artículo, regado de humor. Y como digo yo, regado de “ligera profundidad”