Pilar Eyre ha escrito una novela que en verdad es un homenaje a todos aquellos que tuvieron que huir de España tras la Guerra Civil. El protagonista, Román, es un hombre malcasado que, tras un exilio francés y un romance clandestino, regresa a casa para recuperar su vida. El retorno, como cabe esperar, no sale según lo previsto.
En este making of Pilar Eyre cuenta el origen de De amor y de guerra (Planeta).
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¿Cómo empezó De amor y de guerra? Quizás fue cuando Carmen Guallar, una chica joven que huyó de España al finalizar la guerra civil, me contó 58 años después, con voz todavía trémula de desconsuelo: «¿Te puedes figurar lo que fue irnos de nuestro país, como si solo ellos fueran españoles? Dejar nuestra lengua, nuestra familia, las fotos, los libros, los amigos de la infancia… Que mueran tus padres sin poder cerrarles los ojos, ¡tus hijos, que son franceses, se cansan de oírte hablar siempre de España!». Aunque no, quizás la idea seminal me la dio el amigo que me confesó que su abuelo se había marchado al exilio, lo dieron por muerto, su abuela volvió a casarse, ¡y lo encontraron veinte años después, a cien kilómetros de la frontera, con una biografía inventada! «Cuando le preguntábamos por qué no se había puesto en contacto con nosotros, solo meneaba la cabeza y callaba». O tal vez fue el recuerdo de mi tía por parte paterna, que se abrió camino en Barcelona en los años 40 como «abogado», como se decía entonces, lo que me impulsó a crear el personaje de Beatriz, pero también me inspiró mi padre, un falangista que pasó los tres años de guerra en la prisión Modelo, condenado a muerte. O mi tío, el hereu, único hermano de mi madre, que dejó su vida en Rusia como soldado de la División Azul. Tengo la foto de su tumba en el cementerio de Mestelevo. ¿Será la suya de verdad?
Pero no, qué digo, el libro empezó en realidad cuando me hablaron de una miliciana comunista, endurecida por dos guerras, que solo había tenido una debilidad: enamorarse de un «señorito» como Román, tan guapo que parecía un artista de cine. O tal vez el principio de todo fueron esas apenas tres líneas en un lejano ensayo sobre el exilio, recogiendo el testimonio de un militante socialista al que llamaban El Sastre, por ser el primero que había confeccionado una bandera republicana: «Crucé la frontera el 9 de febrero de 1939 por Portbou junto a Modesto, que entonces era coronel. Presa de un gran nerviosismo, de una manera arbitraria, sacó su pistola y mató a un muchacho desconocido que estaba intentando apartar un camión volcado que obstaculizaba el paso». O cuando mis tías me hablaban del club Pompeya, donde iban a jugar al tennis antes de la guerra hasta que desaparecieron todos los socios, porque habían huido, estaban escondidos o los habían matado. En realidad, ese «antes de la guerra» y «después de la guerra» que aparecía en todas las conversaciones de mi infancia despertó mi curiosidad y me ha impelido a investigar y escribir sobre la guerra y la posguerra, tanto la de los vencedores como la de los vencidos.
Además de la memoria familiar y de las cartas y documentos que me dejaron mis padres, además de la extensa biblioteca que he atesorado a lo largo de los años sobre esa época, he viajado a muchos lugares del exilio, desde Perpiñán a Toulouse pasando por Vernet d’Ariège, desde París hasta Mauthausen. He entrevistado a muchos refugiados, la mayoría gente corriente, como los personajes de mi novela. Hoy todos están muertos, pero parte de estos testimonios aparecen con sus nombres auténticos en mi biografía Quico Sabater, el ultimo guerrillero, que salió publicada en el año 2000, y, ficcionados, están también en De amor y de guerra. He recorrido los memoriales de la Segunda Guerra Mundial que existen en casi todas las ciudades francesas, y en cada uno de ellos he dejado por escrito mi protesta porque la gesta de los guerrilleros españoles generalmente ni se menciona.
Y si algo he aprendido en todos estos años es que resulta falso ese mantra que se esgrime siempre, esa mentira injuriosa de que en los dos bandos hubo héroes y villanos. Los villanos son siempre los de arriba, los militares, los políticos, los hombres poderosos que manejan los hilos. Ellos son los que organizaron esas horribles carnicerías y enviaron a la muerte a millones de muchachos en la flor de la vida hasta arrasar una generación entera. ¡Unos muertos, otros enfermos de eso que hoy se llama estrés postraumático, toda una generación, de la que nosotros somos herederos, quedó destruida! Todos esos muchachos fueron víctimas inocentes. Todos, los de uno y de otro bando: de uno de ellos me hizo heredera mi nacimiento, del otro mi conciencia. Y con De amor y de guerra espero no haber traicionado a ninguna de mis dos lealtades.
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Autora: Pilar Eyre. Título: De amor y de guerra. Editorial: Planeta. Venta: Todos tus libros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.
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