Nagore Suárez se está convirtiendo en la nueva dama del misterio histórico. De hecho, su cuarta novela está ambientada en el San Sebastián de los años 50 y en la Florencia de los 30, y tiene a unos personajes tan singulares como enigmáticos.
En este making of Nagore Suárez desvela cómo surgió la idea de Lo que habita en los sueños (Destino).
***
INT. CAFETERÍA. DÍA.
El periodista me dedica una sonrisa y da un sorbo al café servido en una taza blanca, anodina. Suena en la radio alguna canción del momento.
Remuevo mi té con la cucharilla para ganar tiempo. No recuerdo el momento en que empecé a imaginar la novela, el instante en que surgió, como si fuera una certeza, en mi mente. Porque así comienzan todas las historias: antes de escribirlas aparecen como si siempre hubieran estado ahí. Y quizá lo estuvieran y lo único que hacía falta era prestarles algo de atención. Al fin y al cabo, la línea que separa la imaginación y la memoria es tan tenue que un simple parpadeo podría hacerla desaparecer.
Sé que este ni siquiera es un pensamiento original, casi todos los autores compartimos la misma sensación: es difícil rastrear las ideas. Es un concepto que me parece fascinante y, mientras pienso en cómo responder al periodista, anoto mentalmente la posibilidad de escribir una historia sobre un detective de ideas.
Quizá, si busco en la maraña de recuerdos e imágenes, soy capaz de rescatar el germen de Lo que habita en los sueños: San Sebastián. Una ciudad, una luz, una época. Quería reflejar el esplendor de ese Donosti que fue el destino predilecto de verano de la alta sociedad europea. Recrear el glamour, el brillo dorado del champán en las copas y esa cierta decadencia que me parecía tan acorde al ambiente onírico y espectral que buscaba en la novela.
Y de esos pequeños destellos fue surgiendo lo concreto. Con horas de pensamientos, de notas en tinta oscura en una libreta, tejí poco a poco lo que sería después la historia que necesitaba contar. Me interesaba que sobre la novela planeara siempre la ensoñación: que estuviera presente en las palabras, en los personajes, en los lugares. Por eso, quizá, llegué a las pintoras del surrealismo; esas artistas —que no musas— como Leonora Carrington, Remedios Varo o Leonor Fini que experimentaron con el arte y el esoterismo, que eran, como lo es el personaje de Ava, una de las protagonistas de la novela, pintoras de sueños, que buscaban trascender lo puramente racional.
Sin embargo, a la hora de documentarme, intenté ser lo más fiel posible a la realidad. Pasé horas consultando la hemeroteca de El Diario Vasco, leyendo los periódicos de la época, diseccionando la columna de Ecos de Sociedad, donde se recogían las andanzas de los señoritos y señoritas que veraneaban en San Sebastián, imaginando sus vestidos, los canapés que servían en cada fiesta. Me vi envuelta también, mientras investigaba sobre espiritismo, en juegos de espejos, hilos invisibles y mesas giratorias. Casi pude ver la materia ectoplásmica que salía de las fosas nasales de las médiums y sentir la desesperación de las mujeres que habían perdido hijos y maridos en las guerras, de quienes querían desafiar la barrera última de la muerte.
Fue entonces cuando me di cuenta de que mi libro era una historia de fantasmas. No de ánimas atrapadas en lugares olvidados —aunque también hay bastante de eso— sino de ilusiones, de memorias que el tiempo ha transformado, de anhelos y remordimientos. Una historia de melancolía y, sobre todo, de sueños. De los que podemos controlar y de los que no, de los que definen nuestra vida, de los que congelan las madrugadas. Todos los personajes estaban atrapados en esa red de deseos y recuerdos, todos caminaban junto a los espectros de su pasado, todos debían de alguna forma conseguir estar en paz con ellos. Aunque, tal vez, esto tampoco tenga mucha importancia, porque creo que si uno lo piensa bien todas las historias son historias de fantasmas.
—Lo tuve claro desde el principio —miento por fin, antes de que el periodista piense que estoy sufriendo un accidente cerebrovascular o realizando un viaje astral—. Recuerdo perfectamente el momento exacto en que la idea vino a mi cabeza.
Me mira con interés y me dispongo a contarle una historia, una en la que los límites entre lo real y lo fantástico se tornen indivisibles.
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Autora: Nagore Suárez. Título: Lo que habita en los sueños. Editorial: Destino. Venta: Todos tus libros.
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