Religión, sexo, política y humor son, tal vez, los ingredientes del mejor bebedizo que el hombre ha inventado contra el miedo. Una receta muy antigua, apenas modificada a lo largo de los siglos para adaptarse a los paladares de cada momento histórico, porque en el fondo siempre es el mismo sabor.
En el territorio Mongolia cocinan desde hace tiempo este brebaje, consiguiendo un lenguaje distintivo mezcla de irreverencia, osadía y talento. Itineran con su show transgresivo por la geografía española, y a golpe de fe en ellos mismos se han convertido en los antilíderes de una antirreligión en la que profesan decenas de cientos de antiacólitos. Pero tal vez porque las palabras se las lleva el viento, su humor queda también impreso en la ya mítica revista satírica Mongolia, un clásico de los kioskos y los lectores del humor documentado.
El éxito de estos dos humoristas era inevitable, y este libro la crónica de una publicación anunciada: La Biblia Negra de Mongolia tenía que nacer como el antimanual del anticulto a Mongolia, cerrando así el círculo dadá de su talento. De esta manera llega a las librerías un impresionante libro magníficamente encuadernado (“un volumen de contundente tapa con el que podría atizar al próximo charlatán que le asegure que está en contacto con algún dios”), de la mano de Reservoir Books, ese sello de libros al filo de la tendencia, de la todopoderosa editorial internacional Penguin Ramdom House.
Con un sencillo método de pedagógica ortografía humanista, Mongolia explica así este alumbramiento editorial:
“Es claro que Dios (a partir de aquí con minúsculas) no creó al hombre (a partir de aquí con mayúsculas), sino que el Hombre creó a dios como quien crea una excusa idiota para no ir al cole, para no asistir a una reunión de escalera o para no ir al Benicàssim o al Sónar con compañeros de curro. Pero ¿por qué el Hombre ha creado semejante monstruo? Este grueso libro le dará muchas pistas […]. Si usted no sabía estas cosas, este libro es el antídoto perfecto, fabricado siguiendo los estándares de calidad de la larga tradición religiófoba de Mongolia. Historias reales, un gran diccionario ateo, herejías, inventos, memes, chifladuras, pecados, excesos, chistes, santorales, oraciones, milagros, castigos y fotomontajes varios […].”
Edu Galán y Darío Adanti lideran la revista satírica Mongolia y son en parte los culpables de su apoteósico ascenso en apenas siete años de vida: desde su fundación en 2012, la publicación ha sido galardonada con el Mejor Satírico Europeo en los premios del Museo Della Satira de Forti Di Marmi en 2014; el Premio a los Valores Humanos en 2013 por la Asociación de Periodistas Europeos y el Huevo de Colón de la revista Turia en 2015. Después de El libro rojo de Mongolia (2013), Pasatiempos (2013), Borbonia (2015), Las 101 peores portadas de Mongolia (2017) y el librodisco Mongolia Mix Vol. 3 (2015), La Biblia Negra de Mongolia es su publicación número 6, número diabólico donde los haya (¿casualidad, azar, designio divino…?).
Por desgracia, ni Edu ni Darío pudieron asistir a la presentación de La Biblia Negra, pues en su lugar acudieron el padre Carmelo y el imán Salil Al-Salil. Ambos predicaron su mercancía desde el enloquecido púlpito barroco de la minúscula Iglesia Patólica (perteneciente al humorista Leo Bassi), escondida en el corazón del madrileño barrio de Lavapiés, donde los de prensa nos apiñábamos como herejes predispuestos a la caza del titular mientras afuera llovía con saña bíblica.
Durante aquel choque fraternal, salvaje y breve entre los representantes de las dos grandes religiones del mundo unidos por un mismo Libro Negro, la memoria recuperaba el ritmo de las cosas, haciéndome recordar una vez más aquella gran verdad de que “lo moderno es lo olvidado”: desde el Caravaggio y su puta ahogada sirviendo de modelo para la Virgen María, pasando por el éxtasis de Bernini (“ si eso es un éxtasis yo ya lo he visto antes”), Nietzsche y su rotundidad, La vida de Brian o la poco creíble virginidad de Madonna cuando se autoproclamaba Like a Virgin, por nombrar unos pocos ejemplos, la religión, la sátira, el humor, han sido temas recurrentes, reincidentes, concurrentes y permanentes. Si me apuran, son, de hecho, todo un clásico de la creatividad osada de la Historia del Hombre.
Ergo (me digo afanándome en mi lógica socrática de andar por casa), eso hace que la perspectiva cambie notablemente, ofreciéndome la posibilidad de observar a Mongolia y sus líderes Edu y Darío con su barba postiza y su alzacuellos respectivos, afanados en su humor transgresor y osado, como a un par de auténticos, casi tiernos, románticos.
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