“Imaginaos ciento cincuenta mil hombres, mujeres y niños que huyen en busca de refugio hacia una ciudad situada a cerca de doscientos kilómetros. No hay más que una vía de escape. […] Tienen que caminar… y caminan tambaleándose, tropezando, rasgándose los pies en los pedernales del camino polvoriento, mientras los fascistas los bombardean sin piedad desde los aviones y los cañonean desde el mar”.
Este es un fragmento del libro El crimen del camino de Málaga-Almería, de Norman Bethune, el único médico, cirujano canadiense, que intentó atender a los miles de heridos de “la desbandá” en febrero de 1937. La masacre fue capitaneada por el general franquista Queipo de Llano y por el general Roatta, del CTV fascista de Mussolini, y constituyó la ofensiva militar más violenta contra refugiados civiles hasta la guerra de los Balcanes. Además, Picasso no hizo famoso el lugar donde había nacido, aunque los muertos del camino a Almería fueron muchos más que los de Guernica: según la historiadora Encarnación Barranquero, de la Universidad de Málaga, allí podrían haber sido asesinados entre 3.000 y 5.000 andaluces. Aún quedan miles de huesos desperdigados frente al mar.
Y este crimen de lesa humanidad se mantuvo silenciado a la fuerza por miedo, por vergüenza, porque las leyes franquistas impuestas cuando tomaron la ciudad prohibieron a los malagueños hasta llorar a sus muertos, si estos habían estado en el lugar equivocado. ¿Puede haber mayor bajeza humana que el que te prohíban llorar?
Ese silencio, el más atroz, fue lo que más me conmovió cuando, buscando testimonios de supervivientes de un conflicto bélico para otra de mis novelas, me encontré en Internet con los vídeos de los ancianos que habían tenido la suerte de sobrevivir a aquel genocidio. Lo que no se nombra no existe. Pero quienes se atrevían a nombrar ese horror ahora ya sí lloraban, siempre lloraban. Y a mí se me hizo un gurruño el corazón.
Que se supiera lo que les sucedió era lo único que ya suplicaban, décadas después de haber sido las víctimas inocentes —recordemos que no todas lo son, que no es lo mismo quien ataca y muere que quien se defiende y muere; y que la vileza suprema es matar al que ni siquiera puede defenderse—. Ellos habían perdido la esperanza de obtener justicia y, sin embargo, en un último y desgarrador grito, habían declarado como testigos, conscientes de que se les agotaba el tiempo.
En efecto, Gonzalo Queipo de Llano fue enterrado con honores en la basílica de la Macarena de Sevilla y ahí sigue; Mario Roatta repitió sus tácticas de exterminio sobre civiles yugoslavos en la Segunda Guerra Mundial y fue condenado a cadena perpetua, pero en 1946 fue amnistiado; Carlos Arias Navarro, el “carnicerito de Málaga”, fiscal en los consejos de guerra y responsable de miles de condenas a muerte express, fue quien nos anunció la muerte del dictador desde su cargo de presidente del Gobierno.
Mi relato no va a lograr que esto cambie, pero quise escribirlo para que todos los que “corrieron”, sin importar su “bando”, ya que a todos los igualó el miedo, logren al menos algo de lo que reclamaban: romper el silencio.
Sin embargo, ¿cómo lograrlo? Enseguida me di cuenta de que en todas las historias de superación hay algo en común: el amor. Estoy convencida de que es lo único que nos salva. Por eso, tras limpiarme las lágrimas, me puse a escribir una historia en la que las víctimas inocentes son las que importan. Azucena y Martina, las dos niñas que se hacen amigas en esa carretera y cuya amistad importa mucho más que su dolor, son solo dos de los muchos seres humanos que se aferran al amor y sobreviven.
Y por eso escribí El Paseo de los Canadienses, para que se quede grabada en el corazón. Ese es el lugar en el que el recuerdo a nuestras víctimas merece atesorarse. El mejor de los lienzos posibles.
——————————
Autora: Amelia Noguera. Título: El Paseo de los Canadienses. Editorial: Almuzara. Venta: Amazon
-
Huevos
/abril 04, 2025/“I’m gonna sell my eggs“. La miré sorprendida y tosí, atragantada de sorpresa. Me ardían las orejas. Aquella mujer de antepasados suecos-lobos-blancos tirando de un trineo, abuelos cruzando el océano para matar nativos me estaba diciendo: “Voy a vender mis huevos”. Mi regocijo fue infinito. No tuve tele hasta los once años, así que algunas de las cosas que conozco del mundo son cosas que no están en el mundo. Las encontré en libros de duendes y hadas editados cuidadosamente para facilitar la fermentación de la magia en los cerebros new age de los adultos que me rodeaban. Por eso,…
-
Los detectives salvajes: Una obra de culto ahora en versión ilustrada por Luis Scafati
/abril 04, 2025/Scafati, galardonado en Argentina con el Gran Premio de Honor de Dibujo en el Salón Nacional y con el premio Kónex, dialoga con la obra de Bolaño, ganadora de los premios Herralde y Rómulo Gallegos y considerada una de las mejores novelas del siglo XXI. Con una estructura no lineal y una prosa musical, Bolaño plasmó en ella los anhelos de rebeldía y la necesidad de ruptura de toda una generación. Entre la narrativa detectivesca, la novela de carretera, el relato biográfico y la crónica, Los detectives salvajes narra las aventuras de los poetas Arturo Belano y Ulises Lima en…
-
Todo lo que te debo, Antonio Vega
/abril 04, 2025/Al cabo de unos meses llegó la noticia funesta y aparqué los casos de corrupción, a los políticos mediocres y a los empresarios taimados para honrar torpemente al hombre que puso banda sonora a mi vida: Antonio Vega. La recuerdo ahora porque me he subido a un taxi donde, ignoro cómo, ha sonado “Se dejaba llevar por ti” y le he pedido que subiera el volumen. El taxista y yo hemos compartido recuerdos, momentos, imágenes de entonces que llevamos cosidas al alma. Ojalá llegue a leerla. El trayecto fue muy corto como para contarle que sí, que a Antonio Vega…
-
Escuchar con la mirada, comprender desde el sentimiento: Sorda
/abril 04, 2025/Dirigido por Eva Libertad y protagonizado por Miriam Garlo y Álvaro Cervantes, el presente film trae a las salas de cine un tema que sorprendentemente no había sido abordado hasta la fecha de una forma tan efectiva y personal. Cuesta rememorar una posible lista de cintas que hayan abordado el tema de la sordera. Las hay y de distintas épocas, géneros o temáticas, desde The Miracle Worker (Arthur Penn, 1962) a Children of a Lesser God (Randa Haines, 1986), A Silent Voice (Naoko Yamada, 2016) o A Quiet Place (John Krasinski, 2018). En concreto, se trata de un tema que…
Zenda es un territorio de libros y amigos, al que te puedes sumar transitando por la web y con tus comentarios aquí o en el foro. Para participar en esta sección de comentarios es preciso estar registrado. Normas: