Hace quince años tenía la historia de un asesinato para escribir una novela pero de personajes nada; sólo disponía del muerto y no era suficiente. Como sería policiaca necesitaba un detective. Un buen detective es un concepto de investigación policiaca y su nombre un entrañable guiño literario, y si Don Quijote demoró ocho días en nombrarse a sí mismo, yo debí tardar al menos seis meses en encontrar el nombre de Edgar Mendieta, una denominación con la que pretendía definir una personalidad y una hilera de sueños de justicia. Un policía mexicano de ficción es indiscutiblemente de ficción, no le busquen; así que lo imaginé de un metro ochenta de estatura, 84 kilos de peso, perezoso para el ejercicio, aficionado al whiskey, regular en el uso de las armas y en la lucha cuerpo a cuerpo, con un corazón grande y con una temeridad que raya en la estupidez. Quiero decir que no le teme a nada, salvo a las mujeres, con quienes se relaciona para perder.
En algún momento de la escritura de Balas de Plata, decidí que debía ser zurdo y además llevarlo como apodo. Creo en la agudeza de los zurdos y he puesto esa virtud en Mendieta, que además posee un instinto de cazador de venados. Sabe esperar y no pocas veces piensa que la vida es un dominó donde la ficha buena es la que sigue aunque sea la mula de seises ahorcada. No es hábil para escudriñar el lugar del crimen, esa parte la resuelve la detective Gris Toledo con la que hace pareja, pero es inteligente para detectar y seguir las sutiles pistas que dejan los delincuentes para demostrar que todos los detectives son idiotas. El Zurdo vive en un país donde no se aprecia al policía y de vez en cuando lo sufre, pero se repone porque tiene pasión por su trabajo. Sabe que atrapar delincuentes en un país donde difícilmente se aplica la ley, es un juego perverso pero esencial para sentirse vivo.
Por asuntos de contexto, ha desarrollado una relación extraña con Samantha Valdés, la poderosa capisa del cártel del Pacífico, dejando claro que hay que tener tanto cuidado con los enemigos como con los amigos, desde luego sea en sentido contrario. El Zurdo piensa que la jefa se excede cuando lo obliga a colaborar con ella, sin embargo, nunca ha sido determinante en sus reclamaciones. Como que le gusta caer en sus garras. Se ayudan y no tengo claro quién al final saca la mejor parte. Mendieta cruza el pantano, se enloda hasta las pestañas y después se lava sin mayor preocupación.
El Zurdo Mendieta posee cuatro habilidades que lo han convertido en un personaje memorable y querido. Es un investigador perspicaz, o sea, sabe cómo dar en el clavo; se comporta adecuadamente cuando la épica lo requiere, es decir, no rehúye la gresca; es físicamente atractivo, al menos sus fan lo aprueban y no pocas expresan su intención de constatar si tiene vellos en el pecho; y es dueño de un encanto que lo vuelve entrañable, de tal suerte que muchos quisieran ser sus amigos y varias protegerlo del inclemente frío del verano; pero el Zurdo no cede fácilmente, afortunadamente su cuerpo lo presiona para que no caiga en el feo vicio de la castidad.
Al principio pensé que con un número de datos básicos sería suficiente para que los lectores terminaran de crear mi detective; pero no, cuando escribía La prueba del ácido, la segunda de la saga, recibí sugerencias para que revelara más del personaje. Es claro que los buenos lectores no pierden tiempo completando personajes, sean del tipo que sean. Decidí no soltar todo y dar a conocer sólo detalles en cada nueva novela. La música también se convirtió en un elemento narrativo que lo envuelve o dinamiza según sea necesario. El Zurdo fuma, aunque lo está dejando. En la quinta de la saga quiere celebrar su cumpleaños, pero sus fan aún no se ponen de acuerdo sobre a qué signo del zodiaco pertenece. En el fondo es un cínico, un detective que tiene muy claro que para un cabrón, cabrón y medio, no digan que no.
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En mayo de 2016 se publica en España Besar al detective, una nueva novela de Élmer Mendoza protagonizada por el Zurdo Mendieta.
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