Jaime Chávarri vuelve a las salas con La manzana de oro, una película basada “libremente” en la novela de Fernando Aramburu Ávidas pretensiones que, por casualidad, abordaba el mismo tema sobre el que el director estuvo escribiendo los 17 años que ha estado sin rodar: la relación del escritor con su talento.
Y, de repente, uno de los guionistas de Besos para todos —una película suya del año 2000, de la que guarda como recuerdo un luminoso y enorme neón que luce en la entrada de su casa— le propone un proyecto: “Me dice que tiene un amigo en Valencia que quiere producir una película sobre una novela de Fernando Aramburu”.
“Dio la casualidad de que, en estos 17 años apartado, yo había escrito un guion sobre el tema de la literatura y la relación del escritor con su talento. Y pensé que si podía hacer una adaptación libre, muy, muy libre —precisa— me podía gustar. Y nos pusimos a trabajar”.
A sus 80 años y un físico muy cuidado, Chávarri confiesa que se ha sorprendido de lo “bien” que ha llevado el exigente trabajo físico que conlleva un rodaje: “Rodar ha sido como volver a andar en bicicleta, como si no lo hubiera dejado”, afirma.
Director de películas como Las bicicletas son para el verano (1984), Las cosas del querer (1989), o series de televisión como La mujer de tu vida, Chávarri siempre ha trabajado por encargo.
“He tenido la suerte de que los principales productores de mi época me llamaran para dirigir sus películas, pero yo no he tenido nunca proyectos propios y cuando los he tenido, han funcionado muy mal: soy director de productores, lo tengo claro”. Y lanza de refilón: “Hablo de cuando había productores de verdad”.
Producida por La Pirueta Films, la película cuenta un fin de semana en el que tres generaciones de poetas se reúnen, como cada año, en un convento de Galicia para competir por “La manzana de oro”. Un galardón muy preciado ya que lo votan entre ellos y es como demuestran que sus musas siguen vivas….o no tanto.
En esta ocasión, celebrarán los cien años de un insigne poeta, aún dispuesto a soplar las velas, sumarán los versos de un rapero y por primera vez verán la experiencia en internet a través de una youtuber que también opta al premio.
Todos menos el mejor de todos, “el amo” Juanjo Changa (Sergi López), “seco” desde que le abandonó su amor, “La Nívea” (Marta Nieto), a la que tira los tejos el salvaje Eugenio (Adrián Lastra), un poeta frustrado y envidioso que se descontrola con los celos y la cocaína.
Los poetas escribirán, leerán lo que han escrito, se vigilarán, se plagiarán, se morderán para salir en una antología, se drogarán y copularán y, al final, ganará el arte.
Sin querer, dice Chávarri a EFE, La manzana de oro completa una trilogía sobre poetas españoles que empezó con El desencanto (1976) y siguió con A un dios desconocido (1977). De alguna manera acaba aquí.
“Es un poco testamentaria sin querer —apunta—, porque no sé si haré otra”.
Chávarri señala que, en la película, los personajes se relacionan más que en la novela, que era “mucho más cruel”. Hizo cambios para “mostrar más el aislamiento de los poetas y acabar con la mala fama de antipáticos e insolidarios que tienen entre ellos”.
Se inventó dos personajes nuevos, la organizadora del taller de literatura, Manolita (impecable, como siempre Vicky Peña) y la responsable del convento, Sagrario (también brillante Elena Seijo).
“Ambas forman parte de las dos grandes religiones —una, comunista, la otra, monja—, y son las jefas pero están desactivadas, no tienen mecha, pero siguen vivas: yo quería que fueran el Gordo y el Flaco”, confiesa entre risas el cliente de Verónica Forqué que les hace un striptease a ella y a Carmen Maura en Qué he hecho yo para merecer esto (1984).
También se inventa una relación “un poco especial”, entre Changa y la Nívea.
El reparto cuenta además con Paca Gabaldón, como Amelia, y Ginés García Millán, como Carlos Luis, además de Carla Campra, Álvaro Subiés, Joaquin Climent, Roberto Enríquez, Isabel Garrido, Abelo Valis y Loreto Fajardo.
La cinta, que llega este viernes 1 de septiembre a los cines, rezuma placidez y buen rollo. Distinta, hasta el punto de que ni el propio director atina a calificarla, es una comedia, aunque no de las de siempre, y tiene un guion —escrito por el propio Chávarri y José Ángel Esteban— que, en un momento dado, puede ayudar a repasar cualquier examen de literatura.
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