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Jerónimo Granda despluma al gallo en Madrid

Jerónimo Granda despluma al gallo en Madrid

Hace unas semanas —quizás ya meses—, conversaba con Calamaro sobre los conceptos abstractos, esos cuya definición, en apariencia, todos los mortales tenemos en la cabeza, pero que cuando intentamos trasladarla a la lengua, a la palabra, se escurre de un modo mercúreo. En este sentido, alguna vez me he preguntado por el significado del vocablo “éxito” y, desde hace unos días, la respuesta se me antoja más fácil: “éxito” es lo que hizo/tuvo Jerónimo Granda (Oviedo, 1945) en el Teatro del Barrio de Madrid el pasado jueves 13 de diciembre.

El cantautor regó, alternando canciones y monólogos, con un humor personalísimo, inteligente, irónico y/o cáustico, la tarde de los asistentes que, por partida doble —el primer concierto fue a las ocho; el segundo, dos horas después—, llenaron la sala. Reconozco que de Granda sólo conocía todo lo bueno que me había contado de él Edu Galán. Alguien me lo describió como una “especie de Krahe”. A mí me pareció un cínico de los de la Antigua Grecia con savoir faire, como un cruce asturiano de Brassens y Diógenes de Sinope.

"Durante el concierto, me acordé del relato de Diógenes Laercio e imaginé a Granda desplumando al gallo no ante Platón, sí ante algún consejero de Cultura"

Sobre este último, cuenta Diógenes Laercio: “Cuando Platón dio la definición del hombre como la de un ‘bípedo implume’ y obtuvo la aprobación de los demás, Diógenes le arrancó las plumas a un gallo y lo trajo a la Academia con estas palabras: ‘Este es el hombre de Platón’. Por lo cual —Platón— añadió a su definición lo de ‘con uñas planas’”.

Durante el concierto, me acordé del relato de Diógenes Laercio e imaginé a Granda desplumando al gallo no ante Platón, sí ante algún consejero de Cultura. El artista llegó al escenario, se quitó la boina, saludó al respetable y presentó así su espectáculo: “El chou son dos canciones. Una para saludar y otra para despedirse”. Empezó con “No me levanto”, pieza que arranca así: “Mañana por la mañana / no me levanto / y por la tarde tampoco”. De nuevo, me acordé de otro cínico, del poeta Gottfried Benn, quien dijo: “Ser tonto y tener trabajo, eso es la felicidad”.

Tras el segundo tema, en el que reivindicó su papel de “bufón del pueblo, / porque del pueblo vivo”, Granda decretó: “El chou è finito. Ahora pasamos al coloquio. Como en LaSexta”. La tropa pidió canciones como “Grillos” o “la de los nabos”, inspirada en la Fiesta de los Nabos, que desde hace trece años se celebra en el municipio de Morcín. “Quisieron llevarme a mí —relató—, pero me negué a ir.  Yo el nabo no lo beso”. En el estribillo, el público coreaba: “El futuro de Asturias / está en los nabos”.

"Remató la faena como la empezó, con esa palabra que nos hace individuos, o sea, con un “no”"

Durante la docena de canciones que interpretó, Granda mandó “a la mierda la monarquía”, repasó la historia de los Borbones, tradujo para Benedicto XVI y “para los aficionados al molusco” y versionó el himno regional: “Asturias, tierra deprimida, / Asturias de sin sabores”. Remató la faena como la empezó, con esa palabra que nos hace individuos, o sea, con un “no”: “Al árbol yo no me subo, / no soy un orangután”. La función fue un ejercicio brutal de independencia: comparó a los obispos con cucarachas, llamó a Debussy “maricón perdido” y aventuró que “seguiremos aguantando canciones machistas y feministas hasta la eternidad”.

Ojalá que la policía de lo correcto no le quite la razón.

Y que vuelva pronto al Foro.

 

Fotos: Marta Flich

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