Reviso los libros de Berta Vias Mahou que tengo a mano y encuentro uno con una dedicatoria manuscrita, que no va dirigida a mí, en la portada. Desconozco si hay estudios grafológicos que aclaren si un escritor imprime en su caligrafía las mismas características que articulan su obra, pero encuentro que la letra de Vias Mahou, cuidada, elegante y en cierto modo artística, se corresponde con su estilo literario, que en este libro, acaso el más personal de los suyos, alcanza un punto extraordinario de depuración y perfección.
Una voz invoca a un personaje llamado Samuel para reconstruir el pasado de su familia, los Stauffer, originarios de Alemania y residentes en Madrid. Así transcurrirá la trama, en el tránsito del presente al pasado y del pasado al presente, conjurando a los muertos y mostrando el fracaso que hay en todo intento de recomponer las escenas rotas que deja toda historia hundida en el olvido.
En ningún momento pretende la autora resolver, uno a uno, los interrogantes que surgen en una investigación, ni aclarar los mitos familiares (como ese, un tanto inverosímil, de que Pasionaria llamara a la puerta de Clara para llevársela detenida). Hay una sombra latente de misterio a lo largo del libro, un misterio del que emana ese pasado incómodo y sucio, por decirlo a la manera de Álvarez Junco, el pasado nazi de la familia, en fin, que no pretende tanto ser desvelado como descrito con las palabras adecuadas, minuciosamente labradas y ensartadas en el hilo narrativo, unas palabras cuya búsqueda y selección ha sido ardua, «porque cada palabra es una lucha […] con el deseo de callar, con la imposibilidad de hacerlo».
Es una novela, pues, que trasciende los maniqueísmos a los que estamos acostumbrados hoy, que no va ni de buenos ni de malos (en la escena del fusilamiento en Paracuellos ni siquiera aparece la palabra «Paracuellos»), sino de alegrías y pasiones, de silencios y revelaciones, una urdimbre de escenas y de vivencias cotidianas que terminan en tragedia por la coacción histórica de la época siniestra de la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial.
Se trata, pues, de una novela pulcra, en su sentido más puro. Y también en su sentido más técnico, pues la autora ha optado por no recargarla de datos fácticos, truco habitual de los malos novelistas para incidir en que todo lo que se cuenta son «hechos reales». Cualquier otro habría atosigado al lector con el teléfono de la casa de don Conrado en Galileo 10 (el 41161, por cierto), los nombres de las sucesivas sirvientas (Eusebia, Petra, Isabel, Concepción) o habría «creado ambiente» explicando la romería de mudanzas de la familia por Madrid (Alberto Aguilera 28, Conde Duque 13, Amaniel 29…)
La depuración esencialista y evocadora de Berta Vias Mahou le ha procurado una novela en la que hay mucho de la literatura centroeuropea escrita en alemán, a la que pertenecen algunos de los autores que ha traducido con gran esmero, como Stephan Zweig y Joseph Roth, por ejemplo, cuyo mundo de ayer, tan humano y de trágico destino, se entrelaza de alguna manera con su propio mundo familiar, el de una escritora perfectamente conocedora de la atmósfera emocional de aquella Europa en decadencia.
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Autor: Berta Vias Mahou. Título: Los pozos de la nieve. Editorial: Ladera Norte. Venta: Todostuslibros
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