Francisco José Jurado obtuvo el VII Premio Policía Nacional de Novela con un thriller que arranca con la aparición de medio cuerpo femenino en un polígono industrial de Córdoba. El resto de la historia pone el acento sobre la biomedicina, la experimentación y el secuestro de mendigos.
En este making of Francisco José Jurado cuenta el origen de Plomo en las alas (Algaida).
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Una vez mi hermano estuvo en Méjico y allí le dijeron algo que le estremeció: «En este mundo hay dos cosas que, cuando te ocurren, cambian por completo tu forma de ver la vida: una es cuando te apuntan por primera vez con un revólver y te das cuenta de que al tipo le da lo mismo dispararte que no hacerlo (os recuerdo, queridos lectores, que estamos en Méjico). La otra es cuando te apunta con su bolígrafo un señor con bata blanca, sentado en su consulta, y te dice el nombre de esa enfermedad que nadie quiere escuchar». A partir de ahí todo cambia, ya nada es o será igual. Nada. Creedme lo que os digo.
En ese momento en el que tu vida se convierte en menos que nada y todo se quiebra por dentro —incluso vísceras que uno no sabía que tuviese— lo único que deseas es no estar allí, que eso no esté ocurriendo realmente, disolverte o desaparecer, que se trate de un malentendido… o tener una varita mágica para solucionarlo todo de golpe y porrazo. Quizás desde ese momento supe que tenía que escribir algo relacionado con la biomedicina, la manipulación genética y las nuevas técnicas de curación de esas enfermedades que tanto dolor y sufrimiento nos causan. Sí, tal vez ese fue el primer momento.
Pero hubo otro. Ocurrió poco después. No es extraño escuchar a algunos escritores decir que, a veces, la idea para escribir una novela les surgió tras leer distraídamente una noticia en el periódico. Lo mío —hijos de la era audiovisual como somos los nacidos en los 60 y 70— fue un programa de televisión, uno de Iñaki Gabilondo que daban en Movistar+. Se titulaba Cuando ya no esté, y analizaba cómo será el mundo dentro de unos años, cuando el periodista, según sus cálculos, ya no esté para verlo. Tocaban varios campos, entre ellos la medicina y los avances que cada día nos sorprenden más y más.
Y ya puestos, quizás hubo otro tercer momento iniciático para Plomo en las alas (ya sabes, lector, que una novela no suele tener un nacimiento único, fulminante y milagroso, sino que lo habitual es ir añadiendo ideas, subtramas, datos, fechas…, algo así como capas de cebolla, si se me permite la expresión), pero este no fue un chispazo televisivo o un mazazo del destino. Este se macera desde pequeño, y es la aversión y repugnancia que siempre he sentido hacia las injusticias y la chulería gratuita del poderoso, hacia la pobreza cronificada, hacia las desigualdades cotidianas que asumimos con naturalidad porque conviven desde hace demasiado tiempo con nosotros. Esas desigualdades que te sumen en la impotencia y hace que haya personas que deban pedir perdón hasta por fracasar.
Y de ese cóctel nace esta novela. Una novela negra que, siguiendo los cánones del género, se inicia con la aparición de unos restos semienterrados en un Polígono industrial de Córdoba. Mujer, caucásica, probablemente menor. «Algo raro le pasa en el útero», sentencia la forense en las primeras páginas. Pasan los días y nadie reclama el cadáver. Mal asunto. ¿A quién no se echa de menos? A aquellos que nada tienen, ni siquiera familia. A partir de ahí, menores desamparados —nacionales o extranjeros, eso aquí da igual—; unos Servicios sociales y ONGs que no los protegen y se lucran con su miseria y su necesidad perpetua, buscando solamente las subvenciones para justificar sus sueldos; unas clínicas y laboratorios que necesitan carne fresca…
Carne fresca. Y sangre fresca. Y células jóvenes y frescas. Todo eso necesitan.
Para fabricar esa varita mágica que yo eché de menos hace unos años.
Porque con la biomedicina, la genética y las modernas técnicas de regeneración celular tal vez, y digo sólo tal vez (por ahora), hayamos descubierto esa varita mágica con la que curar enfermedades hasta ahora devastadoras. Eso movería mucho dinero, todos lo sabemos. Muchísimo.
Y ahora la pregunta clave, esa que cada lector debe hacerse al leer esta novela: ¿cuánto estaría dispuesto a pagar alguien si la ciencia le garantizase una larga vida sin enfermedades, casi la eterna juventud? O que le van a curar una dolencia mortal manipulando sus propias células. A él o a un familiar querido. Por ejemplo, un niño de 6 años. ¿Cuánto pagaría?
Yo responderé: TODO. Todo lo que tenga y un poco más.
Ese es el marco en el que se desarrolla la investigación del inspector Benegas y su equipo de la Brigada de Homicidios de Córdoba; unos personajes que me son muy familiares, cercanos, pues ya es la tercera novela protagonizada por ellos. Ese es un terreno, pues, el de los personajes, que ya me venía dado de antemano. De igual modo, al ser perito en leyes —aunque nunca haya ejercido la abogacía—, uno conoce los resortes de la pesada máquina judicial, los procedimientos penales o la Ley de Enjuiciamiento Criminal, así que esa parte de la tramoya la digiero con cierta dignidad.
El problema ha sido otro.
El problema ha sido sumergirme e investigar en un campo tan árido y desconocido como la ingeniería genética, ese intrincado mundo de células y enfermedades congénitas, máxime siendo yo una persona de letras puras, como se decía antes, sin más conocimiento médico del asunto que el que suele tener un españolito medio (o sea, más bien poco). Añádase a esto que luego había que traducir ese enrevesado corpus científico a un lenguaje entretenido para un lector normalito; esto es, que supiera de esta materia lo mismo que yo antes de ponerme a estudiar 5º de Biología. Eso me obligó a revisar, a corregir, a volver a revisar y consultar con expertos en la materia…; en fin, lo que hiciera falta para que el argumento de la novela quedase al final como a mí me gusta: como el engranaje de un reloj en el que cada pieza (o página) va engarzada con la anterior y con la que le sigue para darle al lector el mejor producto posible.
Espero haberlo conseguido. Al menos, mi hijo —que ahora ya tiene 13 años y salió con bien de todo aquello— dice que no ha quedado mal del todo.
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Autor: Francisco José Jurado. Título: Plomo en las alas. Editorial: Algaida. Venta: Todostuslibros.
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