Aparecieron hace veinte años, en 1998, cuando se publicó El lejano país de los estanques (Destino), la primera novela protagonizada por dos investigadores de la Guardia Civil, el subteniente Rubén Bevilacqua y la sargento Virginia Chamorro, con la que Lorenzo Silva inauguró su serie policiaca. Dos décadas después, llega a manos de los lectores Lejos del corazón (Destino), la novela número nueve y la undécima entrega de la saga, de la que forman parte los libros de relato Nadie vale más que otro (2004) y Tantos lobos (2017).
Cuando Lorenzo Silva tocó las puertas de las editoriales, aquella historia fue vista como una extravagancia. ¿Novela negra en España? ¿Una pareja de guardias civiles como héroes literarios? Muchos no lo veían claro, y la prueba más contundente es que Lorenzo Silva tardó tres años en conseguir quien la publicara: había escrito El lejano país de los estanques en 1995 pero no consiguió que viera luz hasta 1998, hasta que la editorial Destino decidió apostar por ella. Lorenzo Silva recompone la historia de esta serie en las oficinas del subteniente Bevilacqua y la sargento Chamorro, en la sede de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil (UCO), un lugar curioso, entre otras cosas porque nadie lleva uniforme. Al menos no esta mañana.
“¿Por qué la novela negra no tenía repercusión en España? —dice Silva ante la aprensión inicial al género en España—. Es un proceso lento. Requiere que la sociedad haya adquirido el hábito democrático, que esté familiarizada con lo que una democracia supone, porque la novela siempre es una crítica”, explica Lorenzo Silva al momento de arrojar luz sobre una serie que siempre ha mantenido el pulso de la sociedad en la que ocurre. Veinte años después, sus dos protagonistas se alzan como héroes literarios, servidores públicos dentro de un Estado de Derecho. Hombres y mujeres que a su labor diaria suman los escarmiento propios, que no son pocos a estas alturas de la serie.
Tras cruzar pasillos y posar ante las insignias de la Guardia Civil, el novelista toma asiento ante una sala llena de periodistas. Más que una rueda de prensa sobre una novela, parece que Silva va a darnos los detalles de una investigación. El ambiente no es áspero, al contrario, predomina una cierta familiaridad, como si el novelista fuera uno más del cuerpo. Y hasta cierto punto lo es. No sólo porque la Guardia Civil forma parte del universo literario y de su biografía, sino porque él es miembro honorario de la Benemérita, a cuyos agentes e investigadores lo unen casi dieciocho años de amistad. Ellos han sido sus ojos.
“Uno de los grandes aciertos de mi vida fue haber escogido a un investigador de delitos contra las personas, que es quien entra en contacto con la naturaleza humana. Ahí está el material de partida. En estos veinte años he aprendido mucho sobre la condición humana en el límite. Si yo he sido capaz de recoger en las novelas una mínima parte de eso, me sentiré tranquilo”, dice. A Silva lo acompañan esta mañana el coronel Juan Sotomayor, de la unidad de delitos telemáticos, y el coronel Juan Fustel, de la unidad de delincuencia especializada y drogas, dos ejes que vertebran Lejos del corazón.
En esta oportunidad, la acción se sitúa en el Estrecho de Gibraltar, hasta donde tendrán que viajar Bevilacqua y Chamorro para esclarecer un secuestro. Un joven informático de veinticinco años ha desaparecido hace casi 48 horas. Hay testigos que afirman haber visto cómo dos hombres lo abordaban en plena calle y lo introducían a la fuerza en un BMW de alta gama. Así arranca esta nueva entrega que ha radiografiado la historia de España en los últimos veinte años: desde la Cataluña tensa y dividida de La marca del meridiano, con la que ganó el Premio Planeta en 2012, hasta esta escena donde hay narcotráfico y ciberdelincuencia en Gibraltar, un lugar en el que coinciden dos continentes y tres países, y que vive marcado por las desigualdades sociales.
Cuando escribió El país de los estanques, Lorenzo Silva quería hacer una novela policiaca que sucediera en España, que tuviera personajes españoles, que mirara la realidad española sin complejos. Esa fue, también, una de las razones por las cuales decidió que los héroes de su saga fueran guardias civiles. De ellos se ha valido durante todo ese tiempo para recorrer la historia de su propio país. El subteniente Bevilacqua ya no es el sargento solitario escarmentado por sus años de servicio en Guipúzcoa en la lucha contra el terrorismo, ni Chamorro es ya la guardia rasa, joven e inexperta, recién salida de la academia. A sus 53 años y 42 comparten escarmientos y certezas, al mismo tiempo que parecen tocados por una cierta melancolía, a que él concede sin embargo el humor.
Al ser preguntado sobre cuál será el destino del subteniente Bevilacqua, Lorenzo Silva no da detalles. “No sé cuándo se va a jubilar Bevilacqua, tampoco tengo prisa en decidirlo. Con esta serie me ha ido bien no decidir. Ha sido mucho mejor adaptarme a lo que ha ido sucediendo”, explica sobre estas más de 3.000 páginas de una ficción que desde hace años suponen para Silva una obra en marcha. Se trata, en efecto, de un retrato de su tiempo, un análisis e interpretación de la realidad que él construye a través de la mirada de dos personajes inolvidables y que forman parte de la literatura española contemporánea.
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