Imaginemos a una mujer de pelo corto y sin sombrero paseando por la Puerta del Sol en los años 20 del siglo pasado, desafiando las normas de su tiempo. Imaginemos a esa mujer diseccionando geométricamente el entorno con su mirada y transformándolo a través de su arte en un espacio onírico, alejado de las convenciones figurativas pictóricas. Imaginemos a una mujer que vive como pinta: transgresora, rebelde y audaz. Esa mujer no fue otra que una de las figuras clave del surrealismo español y miembro de la Generación del 27: Maruja Mallo, protagonista de Notre Dame de la Alegría (Siruela, 2025), reescritura de la novela Objetos extraviados (1995), con la que Ana Rodríguez Fischer obtuvo el II Premio Femenino Lumen en 1994. Esta ficción documental, donde fabulación y rigor investigador se aúnan, nos adentra, a través de un monólogo interior, en la vida y obra de esta iconoclasta pintora.
Si el principio fundamental del teatro es adiestrar el cuerpo humano para convertirlo en un instrumento de la creación escénica, yo empleo aquel como esqueleto mecánico para mis arquitecturas escultóricas, que se moverán relacionándose con la unidad dinámica escenográfica. La entrada de un personaje en escena es para mí la presencia de un cuerpo con la forma, el color y la materia que le correspondan, y estará en relación con la organización total del escenario, llevando cada personaje su máscara propia, que será fija o móvil; y el resto de los elementos, giratorios o estáticos.
Figura destacada en el ambiente cultural de la España de la II República, Maruja Mallo estuvo relacionada con las vanguardias europeas gracias a la beca con la que estudió en París, donde conoció a Breton o Picasso. Su exilio permitió su reconocimiento en Argentina o Nueva York, un reconocimiento que en España solo llegaría en los primeros años de la democracia, al ser galardonada con distinguidos premios, como la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes del Ministerio de Cultura en 1982, y algunos otros en los años sucesivos. Su biografía se enlaza, desde su llegada a Madrid para estudiar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, no solo con artistas de la misma, como Salvador Dalí, sino también con los poetas de la Generación del 27, especialmente Federico (García Lorca) o Rafael (Alberti), con quien mantendrá una relación de cinco años, y más adelante con Miguel Hernández. La amistad y familiaridad con todos ellos, así como con Concha Méndez, Margarita Manso, María Zambrano, Rosa Chacel, Buñuel, etc., la sitúan en el epicentro cultural de las vanguardias españolas. Todos ellos, y otros como Gabriela Mistral, Pablo Neruda o Andy Warhol, pasean por estas páginas más como sombras de una historia personal que como personajes de una ficción literaria. Sorprende el casi anonimato de su hermano Cristino, también pintor y que estudió con ella en Madrid.
Indudablemente, su carácter vitalista y alegre (perejil despabilador), extrovertido y desafiante, irónico y descarado, poco acorde con las convenciones sociales, rompedor con las expectativas de una época, su ímpetu y determinación contribuyeron no poco a moldear una imagen de Maruja Mallo que trascendió su propia pintura para envolverla en cierta aura de genialidad de la que no estaba exenta. Las anécdotas, como el incidente que acuñó a «Las sin sombrero», el concurso de blasfemias en el café madrileño de San Millán en el que ganó a Buñuel —y al que este contestó con un concurso de menstruación—, la irrupción en bicicleta y camisón en la iglesia de Arévalo, donde era profesora, o cuando en los años 70 se presenta en un café vestida únicamente con su abrigo de lince, ahondan en su caracterización como un espíritu libre e independiente, una insistencia constante a lo largo de la novela:
Cubrirlos con mi desprecio para desnudar su hipocresía, exhibir mi espontaneidad para delatar su atrofia, mostrar que tantos modales y costumbres buenas no eran sino maldad. Eso quería.
Aunque la narración retrospectiva se inicia con su infancia, la novela ficciona las digresiones propias de una mente que oscila entre la lucidez y el recuerdo —«asociaciones imprevistas», las denomina Ana Rodríguez—, lo que da cierta verosimilitud a un relato en el que también existen las lagunas. Se pasa de puntillas por las vivencias de Maruja Mallo durante la guerra civil y el inicio del exilio; su compromiso político con la República es dejado en un segundo plano, mientras encontramos un largo capítulo, «Alameda de la muerte», sobre personajes históricos gallegos asesinados por los falangistas y sublevados. En este punto, la acción se precipita hacia el exilio en Buenos Aires y su posterior regreso a España en 1962, siendo ya una pintora relevante y conocida a nivel mundial, aunque aquí le esperaba el olvido. Al renacer de los premios y exposiciones individuales de la década de los 80, le sigue el silencio y cierto abandono y soledad, que nos ubican de nuevo en el presente narrativo: Maruja Mallo postrada en una cama de hospital, inmovilizada, recordando su vida en su indisoluble alianza con el arte:
Hincaba el filo de las uñas en el fruto para abrirlo de par en par, aspiraba el aroma que desprendía el zumo, estudiaba la simetría de sus partes, la irisación del color de la pulpa, el vacío que dejaba el hueso al arrancarlo, un acto doloroso porque creía que la semilla era el corazón.
Ana Rodríguez Fischer, con un estilo introspectivo a la par sensorial y evocador, abundante en descripciones y reflexiones, no pretende tanto novelar la biografía de Maruja Mallo como explorar los vínculos entre su obra y su vida, ya que su universo pictórico la convirtió en una imprescindible artista de las vanguardias y una de las más interesantes figuras de la Generación del 27. No obstante, ha sido injustamente ensombrecida y silenciada, como otras muchas mujeres artistas de la época, debido al menosprecio masculino. El equilibrio entre la documentación rigurosa e histórica —loable por su detalle— y la mirada literaria nos posibilita redescubrirla en Notre Dame de la Alegría para devolverle su voz.
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Autora: Ana Rodríguez Fischer. Título: Notre Dame de la Alegría. Editorial: Siruela. Venta: Todos tus libros.
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