Inicio > Blogs > Zama, ribera abajo > Memorias de Leticia Valle, de Rosa Chacel

Memorias de Leticia Valle, de Rosa Chacel

Memorias de Leticia Valle, de Rosa Chacel

Cuando estaba acabando de leer el libro de ensayos sobre literatura de Juan José Saer titulado El concepto de ficción —que abarcaba textos escritos entre 1965 y 1996— consideré que lo más sensato sería seguir por Trabajos, otro libro de textos sobre literatura (en este caso escritos a partir del 2000), también de Saer, y que tenía en casa sin leer desde hacía ya unos cuantos años. Sin embargo, consideré también que entre uno y otro no estaría mal leer un libro de ficción y tomé de mis estanterías Memorias de Leticia Valle (1945), de Rosa Chacel (Valladolid, 1898 – Madrid, 1994). Este último libro, que me envió su editor, Juan Bautista Durán, de la valiosa editorial Comba, se ha estado quedando sin leer durante un número ilógico de años. De hecho, después de mis incursiones en librerías de segunda mano, había llegado a reunir cinco novelas de Rosa Chacel sin haberme aún acercado a leer ninguna.

Memorias de Leticia Valle es la tercera novela de Rosa Chacel y se publicó en 1945 en Buenos Aires. Después de la Guerra Civil Española, Chacel se exilió en Brasil, con estancias en Argentina, donde acabó publicando esta novela.

"Me ha gustado la descripción que hace Leticia de sus recuerdos infantiles. En gran medida me ha recordado a la prosa poética de Felisberto Hernández, donde la infancia se convierte en un territorio mágico"

«El 10 de marzo cumpliré doce años» es la primera frase del libro. La niña Leticia Valle, de once años, se ha propuesto escribir unas memorias sobre unos acontecimientos que han perturbado su vida y que tuvieron lugar unos meses atrás. En la segunda página de la novela se nombra a una «Adriana», que no volverá a aparecer hasta muchas páginas después, cuando lo más esperable es que el lector ya haya olvidado que esa persona (que va a ser una prima de Leticia) ha aparecido en la narración antes. Al final sabremos que Leticia, en el momento en el que escribe, vive en Suiza con sus tíos y su prima. Sus recuerdos la llevan a su ciudad natal, Valladolid. Leticia es huérfana de madre. «La verdad es que nunca pude recordar cómo era mi madre», nos dirá en la página 22. Al comienzo de sus recuerdos tampoco vive con su padre, un militar destinado a África, sino que lo hace con su tía Aurelia.

Me ha gustado la descripción que hace Leticia de sus recuerdos infantiles. En gran medida me ha recordado a la prosa poética de Felisberto Hernández, donde la infancia se convierte en un territorio mágico. Esto ha ocurrido en párrafos como el siguiente: «Las cosas que yo pensaba en aquella sala eran todas como aquellas fugas, siempre cosas ligeras, transparentes. Por el asiento de una butaca forrada de peluche verde veía correr un caballo blanco. Tenía la piel como de madreperla, los ojos negros, y echaba hacia atrás la melena con un movimiento de cabeza como el de una niña. Alguna vez vi que se paraba y se quitaba con la mano el mechón que le caía sobre la frente. Sí, con la mano, yo lo veía así. También veía entre las patas de la consola unas zonas brillantes en la madera negra, unos rincones oscuros, unos cambios de luz y de sombra que eran como un mundo negro iluminado por un sol negro. Por allí había siempre dos seres muy pequeños, blancos y transparentes como hadas, que se abrazaban y se querían mucho» (pág. 29).

"Chacel no deja pistas demasiado claras sobre la época en la que está situando su historia, aunque si, como supone más de un crítico, la historia está basada en algunos recuerdos personales, tiene que hablar de principios del siglo XX"

El padre de Leticia vuelve de África con una pierna amputada; el ambiente de Valladolid empezará a agobiarle y decidirá trasladarse a una propiedad familiar en el cercano pueblo de Simancas. La tía y la niña irán con él. En el pueblo Leticia, que hasta ahora había sido una niña muy metida en los libros, empezará a olvidarse de ellos y a vivir más salvajemente. En realidad, al ser una niña nadie parece esperar de ella que destaque en estudios formales. Sin embargo, la maestra del pueblo empezará darle una hora de lección después de terminar sus clases por la tarde. En el colegio Leticia, a sus once años, se convertirá en una especie de ayudante de la maestra con las niñas más pequeñas. Y será a través de esta relación con la maestra como conocerá a doña Luisa, a cuya casa acudirá para recibir clases de piano. Y será en esta casa donde conozca al marido de doña Luisa, don Daniel, que es el archivero de la localidad. Pronto se produce en Leticia una sensación de fascinación ante la erudición de don Daniel, que hará que le deje de interesar la música (una afición más para señoritas de la época) y que quiera aprender historia, filosofía, etcétera, actividades más propias de hombres en la época.

En algunos artículos que he leído en Internet se señala que Rosa Chacel toma elementos de su vida para crear al personaje de Leticia Valle, y que la fascinación que esta última siente por don Daniel en realidad sería un eco de la que Chacel sintió por José Ortega y Gasset, del que fue alumna en la universidad. Doña Luisa es catalana y don Daniel es andaluz, y al hacer notar estos detalles, Chacel parece quererle decir al lector que esos personajes no están sometidos a las férreas normas de conducta católica castellana. De hecho, al conocer a Luisa, la describe como «una mujer mundana».

"En alguna página de internet he leído alguna comparación entre Memoria de Leticia Valle y Lolita, de Vladimir Nabokov, pero apuntando que Lolita se publicó diez años después"

Chacel no deja pistas demasiado claras sobre la época en la que está situando su historia, aunque si, como supone más de un crítico, la historia está basada en algunos recuerdos personales, tiene que hablar de principios del siglo XX. En la página 60 tenemos la pista más clara sobre la época: se habla de una cigarrera, con forma de cabeza de mono, que Daniel tiene en su escritorio, y se apunta que él le cuenta a Leticia «que se lo había regalado un amigo que lo compró en París en la Exposición de 1900, que hacía ya más de diez años que se lo habían dado».

Leticia empezará a preferir estar en la casa de Luisa y Daniel, en los que encuentra a unos referentes adultos, que en su casa, donde su padre ha empezado a beber demasiado alcohol. En alguna página de internet he leído alguna comparación entre Memoria de Leticia Valle y Lolita, de Vladimir Nabokov, pero apuntando que Lolita se publicó diez años después que la novela de Rosa Chacel. El tema de fondo de las dos novelas podría ser similar, pero no así su tratamiento. Mientras que en Lolita los encuentros sexuales son narrados de forma explícita, en Memorias de Leticia Valle todo estará sugerido, y será el lector quien deba suponer la historia hasta donde crea adecuado. Hay algunas señales en el texto que indican que la relación entre Leticia y Daniel no es todo lo sana que debería ser. Por ejemplo, en la página 90, Leticia escribe:

«Fue hacia la puerta y al salir se volvió a mirarme, se quedó un rato mirándome, apoyado en el quicio.

Aunque ha pasado mucho tiempo, todavía no comprendo; tiene que pasar muchos años para que yo comprenda aquella mirada, y a veces querría que mi vida fuese larga para contemplarla toda la vida; a veces creo que por más que la contemple ya es inútil comprenderla.

Alrededor de aquella mirada empezó a aparecer una sonrisa o más bien algo parecido a una sonrisa, que me exigía a mí sonreír. Era como si él estuviese viendo dentro de mis ojos el horror de lo que yo había visto. Parecía que él también estaba mirando algo monstruoso, algo que le inspirase un terror fuera de lo natural y, sin embargo, sonreía.»

En la página 184 leemos:

«Entró y cerró la puerta detrás de sí Parecía que no podría hablar; tenía los labios entreabiertos, pero los dientes apretados unos contra otros. Sin embargo, dijo:

—¡Te voy a matar, te voy a matar!»

También me he encontrado, en más de un comentario sobre el libro en Internet, que se habla de una resolución trágica de la historia, que en el propio texto no se muestra de un modo explícito, y a mí se me han ocurrido varias variantes tras mi lectura.

En la última página del libro podemos leer: «No sé si era la cólera o la amargura lo que me llenaba los ojos de lágrimas. Me parecía que ya, en los días de mi vida, no volvería a sentir nada a lo que se le pudiese llamar en una u otra forma amor.»

"Quiero quedarme con los aspectos positivos que he señalado antes, ya que la mayoría de las páginas de este libro me han parecido poéticas y sugerentes. Memorias de Leticia Valle me invita a conocer más obras de esta autora"

Al adentrarse en esta novela el lector tendrá que firmar un pacto de ficción fuerte con la escritora, ya que ambos saben que una niña de once años no puede expresarse con la sutileza, inteligencia y riqueza de vocabulario con que lo hace Leticia Valle. Una vez superado este bache, la experiencia lectora será gratificante, ya que la prosa de Chacel es poética, misteriosa y evoca con mucha fuerza la realidad de la provincia castellana a comienzos del siglo XX. De hecho, en más de una ocasión he tenido la sensación de estar leyendo una novela escrita, como mucho, hace cuarenta años y no ochenta, como ocurre en la realidad.

En el prólogo, que he leído al final, Andrea Jeftanovic escribe: «Memorias de Leticia Valle es una novela feroz, feroz por lo que omite, por lo que no dice; está llena de vacíos, de entrelíneas; está hecha de murmuraciones que el lector debe deletrear para sí, en voz baja o en voz alta, para comprender lo inaudito.» (pág. 9)

Hasta cierto punto, creo que la creación de la historia, en la que alguien quiere explicarse su pasado, y hacerlo llenándola de elipsis de los momentos más traumáticos, vaciarla de sus escenas más graves, tiene bastante de trampa narrativa, de construcción artificiosa, y esto me ha generado alguna pequeña frustración como lector. Sin embargo, sí quiero quedarme con los aspectos positivos que he señalado antes, ya que la mayoría de las páginas de este libro me han parecido poéticas y sugerentes. Memorias de Leticia Valle me invita a conocer más obras de esta autora.

5/5 (10 Puntuaciones. Valora este artículo, por favor)
Notificar por email
Notificar de
guest

0 Comentarios
Feedbacks en línea
Ver todos los comentarios
reCaptcha Error: grecaptcha is not defined
  • Huevos

    /
    abril 04, 2025
    /

    “I’m gonna sell my eggs“. La miré sorprendida y tosí, atragantada de sorpresa. Me ardían las orejas. Aquella mujer de antepasados suecos-lobos-blancos tirando de un trineo, abuelos cruzando el océano para matar nativos me estaba diciendo: “Voy a vender mis huevos”. Mi regocijo fue infinito. No tuve tele hasta los once años, así que algunas de las cosas que conozco del mundo son cosas que no están en el mundo. Las encontré en libros de duendes y hadas editados cuidadosamente para facilitar la fermentación de la magia en los cerebros new age de los adultos que me rodeaban. Por eso,…

    Leer más

  • Los detectives salvajes: Una obra de culto ahora en versión ilustrada por Luis Scafati

    /
    abril 04, 2025
    /

    Scafati, galardonado en Argentina con el Gran Premio de Honor de Dibujo en el Salón Nacional y con el premio Kónex, dialoga con la obra de Bolaño, ganadora de los premios Herralde y Rómulo Gallegos y considerada una de las mejores novelas del siglo XXI. Con una estructura no lineal y una prosa musical, Bolaño plasmó en ella los anhelos de rebeldía y la necesidad de ruptura de toda una generación. Entre la narrativa detectivesca, la novela de carretera, el relato biográfico y la crónica, Los detectives salvajes narra las aventuras de los poetas Arturo Belano y Ulises Lima en…

    Leer más

  • Todo lo que te debo, Antonio Vega

    /
    abril 04, 2025
    /

    Al cabo de unos meses llegó la noticia funesta y aparqué los casos de corrupción, a los políticos mediocres y a los empresarios taimados para honrar torpemente al hombre que puso banda sonora a mi vida: Antonio Vega. La recuerdo ahora porque me he subido a un taxi donde, ignoro cómo, ha sonado “Se dejaba llevar por ti” y le he pedido que subiera el volumen. El taxista y yo hemos compartido recuerdos, momentos, imágenes de entonces que llevamos cosidas al alma. Ojalá llegue a leerla. El trayecto fue muy corto como para contarle que sí, que a Antonio Vega…

    Leer más

  • Escuchar con la mirada, comprender desde el sentimiento: Sorda

    /
    abril 04, 2025
    /

    Dirigido por Eva Libertad y protagonizado por Miriam Garlo y Álvaro Cervantes, el presente film trae a las salas de cine un tema que sorprendentemente no había sido abordado hasta la fecha de una forma tan efectiva y personal. Cuesta rememorar una posible lista de cintas que hayan abordado el tema de la sordera. Las hay y de distintas épocas, géneros o temáticas, desde The Miracle Worker (Arthur Penn, 1962) a Children of a Lesser God (Randa Haines, 1986), A Silent Voice (Naoko Yamada, 2016) o A Quiet Place (John Krasinski, 2018). En concreto, se trata de un tema que…

    Leer más