La estupidez ha tomado las redes. Una estupidez de cuerpos hipersexualizados y anodinos, con muy poco que ofrecer más allá de ese envoltorio orgánico. Ojalá no fuese más que una reflexión hiperbólica, pero no: la pesadilla es cierta. Miles de niños y niñas, de adolescentes y adultos, están sufriendo el avasallamiento de una normatividad que les detesta por gordos o gordas, o por no estar lo suficientemente fit o, en definitiva, por no cumplir con los estándares del cuerpo fetichizado. Por otra parte, tienes que ser un poco estúpido si quieres ganar seguidores: hacer bailes con la canción del momento, enseñar los pies si eres artista, o algo más de carne si quieres un buen posicionamiento. Debes ser físicamente atractivo, aunque conseguirlo implique un rechazo previo; el rechazo de la persona que eres realmente, con tus imperfecciones y particularidades, sin necesidad de ser validada por las masas.
A Touceda no se le escapa que la impostura masculina encarna cuerpos hipertrofiados, ni que las influencers se regalan virtualmente para “alcanzar con cada subnormalidad” que dicen “millones de likes de gente apasionada con su vida de postal”. No es casual que apenas haya gordas o feos entre quienes producen contenidos, que Ibai Llanos sea un fallo de sistema, pero tampoco que tantos nativos digitales aspiren a convertirse en otra cabeza parlante más, siendo como son, al menos aquí, hijos del precariado más rampante. “¿Cómo le explicas a un niño que el éxito está en cultivarse como persona y tener valores cuando él ve en internet que el éxito es estar guapo y delgado sin criticar lo establecido?”. Es una pregunta urgente y contestable, porque la mayoría de esos símbolos de éxito económico y social son a la vez un bluff y un reclamo para nuevos aspirantes.
En resumen, tomando el cuerpo como núcleo temático, estas lorzas plantean un racimo de cuestiones que merecerían sus propios ensayos de ensayos, que es como Touceda denomina a su género literario. Puede que la más significativa sea que el asunto de las redes, aunque no responda exactamente a un esquema de Ponzi, tiene bastante de estafa piramidal: Zuckerberg y Llados se parecen más de lo que cabría sospechar. Otra forma de decirlo es que vivimos en un simulacro global, y que es tal su calado que lo fake prácticamente suplanta ya a lo real: de ahí las cirugías basadas en filtros de Instagram, la pornografía generada con inteligencia artificial, los falsos pintores abstractos y un largo etcétera. Pero de ahí también la marginación de los ancianos, el desprecio por quienes no triunfan virtualmente, muchas veces por seguir siendo honestos, y otro largo etcétera de lacras “de mierda”, como la autora diría. Así que, no, querida, como bien afirmas en alguna parte, tu cuerpo no da asco. Nada vivo y genuino lo da.
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Autora: María von Touceda. Título: Cinco lorzas metafísicas. Editorial: H&O Editores. Venta: Todostuslibros.
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