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El conde Onorato

He hablado de Nápoles en esta página, y también en mis novelas. De todas las ciudades del mundo es mi favorita, quizás porque se trata de la única ciudad oriental, Estambul aparte, que se encuentra geográficamente en Europa. Desprovista de complejos, bulliciosa, transgresora, asombrosamente viva, por fortuna todavía peligrosa a ratos, la vieja Parténope claudica como el resto del mundo ante el turismo depredador y otros disparates, pero lo hace con razonable dignidad, sin ponerlo fácil. Manteniendo, para quien aún sabe moverse por tan singular escenario, la grandeza del viejo estilo. Con ese Vesubio cercano cuya ladera está abarrotada de casas, al que cada mañana miras de reojo preguntándote si será hoy cuando estalle de nuevo y sus moradores, impermeables a las lecciones de la Historia, corran hacia la playa entre regueros de lava como en tiempos de Plinio el Viejo.

Esta vez la vieja ciudad, la Nápoles de toda la vida donde un semáforo en rojo o una señal de prohibido son simples sugerencias, me acoge apenas subo al taxi, recién llegado al aeropuerto. El taxista pretende torearme por los dos pitones y yo me dejo querer, que para eso entre otras cosas vengo aquí. Lo secundo en la faena y agradezco el arte con la propina adecuada. Pero en todo caso, concluyo mientras Darío, el veterano portero del hotel, se hace cargo de mi equipaje, nadie llega a la altura del legendario conte Onorato: el taxista al que introduje, sin cambiar nada de lo real a lo literario, en El francotirador paciente.

Ocurrió hace quince años. Se detenía el taxi ante el mismo hotel y el mismo portero cuando el taxista —flaco, pelo teñido, bigotillo fino, muy parecido al actor Gilbert Roland— pidió treinta euros por una carrera de veinte. Miré el taxímetro y lo miré a él.

—¿Por qué me roba? —pregunté, divertido—. No soy turista alemán, ni americano. Soy español… ¿Por qué me roba?

Bajó de su asiento y abrió mi puerta con un digno ademán ofendido. Después señaló al portero del hotel.

—Yo no robo, señor. Pregunte a mis colegas, o pregúntele a Darío —se llevó una mano al pecho—. Entérese. Soy el conde Onorato.

Aquello me pilló descuidado. Vacilé, y se dio cuenta. Esperó a que le alargase tres billetes con la suma pedida, y cuando los tuvo delante movió la cabeza.

—Un noble partenopeo no roba a nadie —sostuvo, creciéndose en la suerte—. Usted se equivoca con Nápoles y conmigo. Así que ¿sabe qué le digo?… Que no me pague. Está invitado.

Discutí, pero siguió negándose. El portero escuchaba con sonrisa guasona.

—Díselo —le dijo el taxista—. Dile al señor si soy o no soy el conde Onorato.

—Lo es —confirmó Darío.

Me dedicó el fulano una ojeada triunfal, majestuoso como Vittorio de Sica cuando hacía de aristócrata ludópata en El oro de Nápoles. No me quedaba sino excusarme por mi indelicadeza y meterle a la fuerza el dinero en el bolsillo, pero se resistía.

—No quiero su dinero, digo. Lo invito. Es gratis, y que le sirva de lección.

Forcejeábamos cortésmente, y de vez en cuando el taxista se volvía al portero para dirigirle rápidas parrafadas en dialecto napolitano, poniéndolo por testigo del desafuero al que se veía sometido. Hacía ademán de irse y yo lo agarraba. Saqué otro billete de la cartera y le puse los cuarenta euros delante del bigote.

—Me excuso, conde. No quise ofenderlo. Pero no puedo aceptar que no me cobre. Le ruego que acepte el dinero.

Al fin, como haciendo un esfuerzo que violentaba su conciencia, el taxista trincó los cuarenta mortadelos y se los metió en el bolsillo. Cuando arrancaba con su taxi, me volví hacia Darío, que con una sonrisa de oreja a oreja cogía mi maleta.

—¿De verdad es un conde, ese individuo?

El portero se encogía de hombros con naturalidad.

—Es un apodo de familia —aclaró—. Le viene heredado. Su padre era un conocido estafador, y se estuvo haciendo pasar por conde hasta que lo metieron en Poggioreale.

—¿En dónde?

—En Poggioreale, señor Reverte. La cárcel de Nápoles.

____________

Publicado el 2 de febrero de 2025 en XL Semanal.

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23 Comentarios
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Basurillas
Basurillas
1 mes hace

Vidas inventadas. A unos les da por inventarse títulos nobiliarios, a otros por fingirse autores sin pudor de tesis doctorales que han copiado casi del “rincón del vago” o que han pagado a otros -unos “negros” literarios como otros cualquiera- para realizar la labor en su nombre. A los nicolasenses, normalmente pequeños de más allá, les da por fingir influencias inexistentes dentro de la política y la economía. Otros, por último, quieren hacernos creer que unas maletas de un vuelo desde Venezuela jamás se asentaron en suelo español tornándose en el hombre o la mujer invisible y su equipaje inembargable. Cabe también el eufemismo del que ordena llamar operación especial a una guerra cruenta y criminal sin paliativos.
En todos ellos (y ellas, que también las hay) el común denominador es el fingimiento, la trampa, el trapiceo y la picaresca con el fin de aumentar su peculio personal, su poder o su prestigio de una forma u otra. En el fonde todos sabemos que son unos golfos cuando no cosas peores, aunque a algunos, como al taxista de marras, se les ría la gracia. No es mi caso.

Piapoco
Piapoco
1 mes hace
Responder a  Basurillas

No olvide nunca usar la primera persona del plural cuando se refiera despectivamente a los demás, que a usted no lo esculpió Buonarroti con el mármol que le sobró cuando hizo la Pietá. Al que escupe hacia arriba…

Basurillas
Basurillas
1 mes hace
Responder a  Piapoco

Estoy espeso. Póngame ejemplos o copie y pegue mi comentario con las correcciones que crea convenientes. Modo “aprendizaje”: ON.
Por cierto, no sé usted, pero el que escupe, sea hacia donde sea, es un guarro…

David Sepúlveda Pérez
David Sepúlveda Pérez
1 mes hace

JAJAJAJAJAJA

Pepe Cuervo
Pepe Cuervo
1 mes hace

La picaresca latina. Muy bueno.

Ivan Novelll
Ivan Novelll
1 mes hace

Una pluma magistral! Es un placer leer al señor Arturo Pérez Reverte

Raissa Topel
Raissa Topel
1 mes hace

Adoro los escritos de APR

Francisco Brun
1 mes hace

Este gracioso episodio que relata el señor Perez Reverte, me recuerda la letra de un viejo tango, “Chorra”, escrito por un enorme compositor, Enrique Santos Discepolo, que dice así:

“Por ser bueno me pusiste a la miseria
Me dejaste en la palmera
Me afanaste hasta el color
En seis meses me comiste el mercadito
La casiya de la feria
La ganchera el mostrador
Chorra me robaste hasta el amor
Ahora tanto me asusta una mina
Que si en la calle me afila
Me pongo al la’o del botón
Lo que más bronca me da
Es haber sido tan gil
Hace un mes me desayuno
Con lo que sabido ayer
No era a mí que me cachaban
Tus rebusques de mujer
Hoy me entero que tu mamá
Noble viuda de un guerrero
Es la chorra de más fama
Que ha pisa’o la treinta y tres
Y he sabido que el guerrero
Que murió lleno de honor
Ni murió ni fue guerrero
Como me engrupiste vos
Esta en cana prontuariado
Como agente en la camorra
Profesor de cachiporra
Malandrín y estafador
Entre todos me pelaron con la cero
Tu silueta fue el anzuelo
Donde me fui a ensartar
Se tragaron vos la viuda y el guerrero
Lo que me costó diez años
De paciencia y de yugar
Chorra vos tu vieja y tu papá
Guarda cuídensen porque anda suelta
Si los cacha los da vuelta
No les da tiempo a rajar
Lo que más bronca me da
Es haber sido tan gil
Tus rebusques de mujer
Hoy me entero que tu mamá
Noble viuda de un guerrero
Es la chorra de más fama
Que ha pisa’o la treinta y tres
Y he sabido que el guerrero
Que murió lleno de honor
Ni murió ni fue guerrero
Como me engrupiste vos
Esta en cana prontuariado
Como agente en la camorra
Profesor de cachiporra
Malandrín y estafador
Entre todos me pelaron con la cero
Tu silueta fue el anzuelo
Donde me fui a ensartar
Se tragaron vos la viuda y el guerrero
Lo que me costó diez años
De paciencia y de yugar
Chorra vos tu vieja y tu papá
Guarda cuídensen porque anda suelta
Si los cacha los da vuelta
No les da tiempo a rajar
Lo que más bronca me da
Es haber sido tan gil”
Pienso que en toda sociedad existe una especie de “malandrines”, que no llegan a la categoría de malandras, se quedan en el camino. Son esos que respetan a un viejo o a un niño, tampoco estafan a traición, solo engañan al que se distrae. Pero están fuera de la ley…si, están fuera de la ley, de la ley de los hombres, no fuera de la ley de la naturaleza.
Cordial saludo

Aguijón
Aguijón
1 mes hace
Responder a  Francisco Brun

No lo conocía, lo he buscado y oído en voz de don Carlos Gardel…
Buenisimo…

Javier
Javier
1 mes hace

Leyendo su artículo y su experiencia napolitana, me viene a la mente Curzio Malaparte y su novela “La Piel”; autobiográfica y ambientada en el Nápoles de la liberación por las tropas yanquis entre los años 43 y 46 del pasado siglo. En ella sale algún que otro Conde Onorato, eso sí, en el escenario descarnado y cruel de la guerra.
Saludos.

Aguijón
Aguijón
1 mes hace
Responder a  Javier

Grande Curzio… amigo de nuestro Foxá…
Agustín con más chispa e ingenio…
“-Si no fuese Curzio me gustaría ser Foxá… y tú ¿Quién?
-Yo Bonaparte”

marcus oliveira
marcus oliveira
1 mes hace

Como dices, Don Arturo, son la reglas…

José Prats Sariol
José Prats Sariol
1 mes hace

Una delicia, para las antologías de la picaresca. Gratitudes al pícaro de palabras…

Elena
Elena
1 mes hace

No fue la primera vez que fui a Nápoles, tampoco la última. Pero en cierta ocasión, cruzando por un paso de zebra en la via Agostino Depretis, un taxi casi me lleva por delante. Tuve que hacer una curva de cintura que habría envidiado un torero. Me giré hacia el taxista, que no podía alejarse rápido porque había tráfico, y alcé el brazo en una copia, bastante buena debido a mi indignación, de una madre italiana regañando a su hijo desde la ventana. No sé italiano así que grité en español poniendo la entonación local, el gesto no merecía menos. El taxista lo olvidaría en el mismo momento que marcaba una X en el salpicadero, al más puro estilo aviador de guerra, pero yo no, y aún sonrío de lo bien que calculó el embiste para sólo rozarme.

Aguijón
Aguijón
1 mes hace

¿Qué se esconde tras el “Conde”?

(Se pregunta y se responde,
al estilo Mario Conde)

-¿Qué se esconde tras el “Conde”?
Si no es Conde Montecristo,
ni Conde-Duque Olivares…
Este “Conde” va de listo,
diría Carlos Pumares.

Y, tras estos avatares,
traduciendo “Onorato”
del idioma transalpino…
¿Significa, sin boato,
que es “honrado” tal vecino?

Es que a veces alucino,
si honrado es este Onorato,
y como tal se ha vendido…
¿Podrá ser “cándido” innato
Cándido Conde Pumpido?

Pues si es así me despido…
no sin antes recordar
que, ya puestos a trincar,
tan útil como robar
puede ser prevaricar.

PD:
A la hora de fijar
opinión sobre este asunto
pensemos que la “camorra”
antes te querrá difunto
que yendo en taxi de gorra.

De ahí que, como la zorra,
cuando no alcanzó las uvas,
dijo con desprecio al fruto
que aún no estaban maduras…
Onorato “esconde” y punto.

Zanjemos así en conjunto:
Sea leve la “condena”
para el amigo taxista
e incrementemos la pena
a quien soltó terroristas.

Claudio
Claudio
1 mes hace

Todos somos en algún momento de nuestro viaje, timados por alguien… es un placer disfrutar su relato.

John McLane
John McLane
1 mes hace

“⁷Oh mamma, mamma, mamma, oh mamma mamma, mamma, ¿sai perché mi batte il corazón? Ho visto Maradona, ho visto Maradona, eh, mamma, innamorato son”

Basurillas
Basurillas
1 mes hace

Ya han pasado varios días y nada. No atisbo ni su prosa ni su espada. Mi amigo Ricarrob, siempre tan ágil, puntero y fiel a esta cita semanal desde tiempo inmemorial, ha omitido su colaboración en esta ocasión. Pues que sepa que le extraño.

Aguijón
Aguijón
1 mes hace
Responder a  Basurillas

Se le echa menos, efectivamente.

Francisco Brun
1 mes hace
Responder a  Basurillas

Así es, se extraña a un amigo, espero que esté usted bien señor Ricarrob.

Lucas Corso
Lucas Corso
1 mes hace

Divertida Anécdota, en la que al final le estafaron diez euros más de lo que el conde quería.

Francisco Brun
1 mes hace

Quiero compartir con ustedes estimados amigos una experiencia que he podido disfrutar anoche; un concierto de antiguas zarzuelas españolas, interpretada por la soprano Jaquelina Livieri, el tenor Gustavo Oliveira Weckesser, el barítono Gustavo Gibert y Matias Chapiro en el piano; todos artistas del teatro Colón de Argentina. Fue una noche magnífica y terminaron la actuación con un clásico indiscutible: “Granada”
Granada, tierra soñada por mí
Mi cantar se vuelve gitano cuando es para ti
Mi cantar hecho de fantasía
Mi cantar flor de melancolía
Que yo te vengo a dar
Granada
Tierra ensangrentada
En tardes de toros
Mujer que conserva el embrujo
De los ojos moros
Te sueño rebelde y gitana
Cubierta de flores
Y beso tu boca de grana
Jugosa manzana
Que me habla de amores
Granada manola
Cantada en coplas preciosas
No tengo otra cosa que darte
Que un ramo de rosas
De rosas de suave fragancia
Que le dieran marco a la virgen morena
Granada
Tu tierra está llena
De lindas mujeres
De sangre y de Sol
Cordial saludo

Nicolás
Nicolás
1 mes hace

En la costa caribe de Colombia le digo a los taxistas “Mi apellido es Mogollón, de los de Barranquilla, no los de Cartagena. Así que no me des tarifa de turista ni de ricachón cartagenero”.

(Los Mogollón de Cartagena de Indias hicieron su fortuna hace muchos años importando zapatos, cuadernos y libros de México y Argentina).

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