Laura Ferrero ha escrito una novela que tiene mucho de autobiográfico. La protagonista es una mujer ya adulta que encuentra por casualidad una fotografía en la que aparece ella de niña junto a sus padres. A partir de ese hallazgo trata de reconstruir esa familia que nunca creyó haber tenido, emprendiendo un viaje al pasado en ocasiones tan complicado como el de los astronautas que se lanzan al espacio.
En este making of, Laura Ferrero desvela el origen de Los astronautas (Alfaguara).
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Hace cinco años encontré en casa de mi tío una fotografía en la yo aparecía junto a mis padres. Nada extraño si no fuera porque hasta entonces yo nunca había visto ninguna. Mis padres se separaron cuando yo tenía poco más de un año y no solo desaparecieron de sus álbumes de juventud sus fotos en común —dejando espantosos huecos en las páginas adhesivas— sino que también lo hicieron aquellas en las que ellos dos salían conmigo. De mis primeros meses de vida solo existen fotos con mi madre, como si yo nunca hubiera tenido padre y mucho menos, una familia.
Sin embargo, a los pocos meses de empezar “la investigación” me di de bruces con la realidad: entrevisté a los miembros de mi familia, pero ninguno me contó más que una versión contradictoria, su versión, un relato que tenía que ver con sus necesidades de control de la narrativa pero poco con lo que había ocurrido en realidad.
Pude haber insistido y seguir con la búsqueda, pero pronto me di cuenta de que si quería contar la vida de esa familia de la que yo procedía, iba a necesitar de otra herramienta mucho más poderosa: la ficción.
¿Pero qué ficción…? ¿Y cómo? No lo sabía.
La idea de la conquista espacial siempre me había rondado, me interesaba no en cuanto a los hitos que la marcaron sino en cuanto al regreso a la tierra de aquellos hombres, los astronautas, que se habían ido lo más lejos que cabía imaginar para nunca habían terminar de volver —¿cómo se vuelve de lo que no puede contarse?—. Me parecía poética esa idea: hubo algo de la experiencia de aquellos exploradores que me hacía pensar en la gesta de ir a conquistar lo que estaba muy cerca —la familia, la Tierra— viajando muy lejos, de una manera muy poco obvia.
Sea como fuere, después de las omisiones y medias verdades —por no decir otra cosa— de esas primeras entrevistas, decidí dejar el proyecto. Se coló un libro de relatos, La gente no existe, porque quería olvidarme de esa novela que creía que no podría terminar. Pero, aunque trataba de olvidarla, ahí seguía, mirándome de reojo desde el cajón de las historias que uno decide apartar.
Así que volví a retomarla.
Recuerdo que en aquel segundo intento, me quedé atrapada por unos versos de Jorie Graham que dicen así:
Cada época sueña la que vendrá después.
Habitar es dejar una huella.
Yo no soy lo que pedía.
Los leía a menudo, y encabezó la novela durante todo aquel tiempo. Era como un mantra que no sé por qué me repetía —y a día de hoy sigo sin saberlo—. Volví a hacer preguntas a mi familia con el mismo éxito y entonces fui leyendo y documentándome sobre las historias de la conquista espacial que más me habían interesado, y en ellas encontré el hilo para contar lo poco que sabía de mis padres, una pareja que se desintegró en los 80 cuando en España aun no habíamos aprendido a separarnos. Fue desde la lejanía, desde la ficción, donde di con las claves para acercarme a ellos.
A veces, la realidad no sirve para contar la realidad.
Cuando estaba entrando en la recta final de la la novela, al fin convencida de que podría terminarla, mi madre se puso enferma, y la aparté de nuevo. Fue durante el tiempo que pasé en los hospitales cuando intuí cuál era el final de la historia y a donde, sin saberlo, había estado dirigiéndome yo a lo largo de todos estos años de búsqueda. Los Astronautas no es un final, es más bien un principio. Así es como lo veo ahora una vez la historia ya no me pertenece.
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Autora: Laura Ferrero. Título: Los astronautas. Editorial: Alfaguara. Venta: Todos tus libros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.
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