Sostiene David Remartínez que a la mayoría de los libros les sobran 75 páginas. En el caso de muchas novelas negras y thrillers actuales, pocas me parecen. Hay una obsesión por alargar las tramas hasta que se marchitan y se ahogan en su propio sudor. Igual ocurre con esas series de Netflix que podrían haber sido magníficas con 5 episodios y naufragan en una soporífera tanda de 12 entregas, en las que soban a los personajes hasta dejarlos romos y estereotipados hasta la médula. Nicolás Melini le da la razón a Remartínez con su nueva publicación, El turista sin equipaje (Confluencias), un ameno, rico —en lenguaje y en calidad de escritura— y entretenido relato que pone la palabra FIN al poco de superar el centenar de páginas.
El turista sin equipaje arranca con un alemán —que había llegado a la isla con una soga como único equipaje en su maleta— colgado en lo alto de un pino. Un punto de partida sencillo que se acaba mostrando retorcido, porque en esta obra nada es lo que parece; en La Palma que nos muestra Melini —telúrica y llena de secretos— todo queda impregnado por la extrañeza. Todo es un engaño, hasta el género de la novela, que se presenta como policiaco y acaba mutando en lo literario en el desenlace del relato gracias a una erupción de realismo mágico. Dos comisarios son los encargados de desvelar las razones que han llevado al turista germano a cometer suicidio: uno joven, Seguí, y otro a punto de la jubilación, Nieves; ambos se odian como sólo se puede odiar en una isla, donde siempre te acabas encontrando aunque no quieras hacerlo. Dos son también las niñas que encuentran al muerto y quedan fascinadas por ese hombre que las mira desde lo alto. Dos es el número clave de la historia. No es casualidad que uno de los guiños cinematográficos que hace Melini sea a la película de David Cronenberg Inseparables (1988).
Volvamos al conteo de palabras: ¿puede una novela de 125 páginas ser coral? Sí. Cuando los personajes son cincelados de la forma que lo hace Melini, todos sirven, no se estorban, cada uno aporta a alimentar el misterio. Sumémosle a este suculento guiso la incorporación de la oralidad. Son muchos los términos con los que quedará prendado el lector: añaterve, torrontudo, juringarse… El lenguaje como un mojo en el que untar la historia. Nicolás Melini, que ya había trabajado con éxito el relato corto en obras como El futbolista asesino y El estupor de los atlantes, ha logrado una novela redonda que hará disfrutar al adicto al thriller y complacerá al lector más literario. Como curiosidad, si los gestores de Lehman Brothers no hubieran puesto patas arriba el planeta en 2009, esta historia la hubiéramos disfrutado antes en la gran pantalla. El turista sin equipaje nació como guion cinematográfico, que iba a dirigir el propio Nicolás Melini con el actor argentino Federico Luppi —no se me ocurre nadie mejor para interpretar al comisario Nieves— como protagonista. La crisis económica nos dejó sin película, pero no ha podido privarnos de esta deliciosa nouvelle palmera que ahora llega a los anaqueles de las librerías.
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Autor: Nicolás Melini. Título: El turista sin equipaje. Editorial: Confluencias. Venta: Todostuslibros.
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