En novela negra, Hammett concibió el modelo y Chandler, que antes fue poeta, puso el estilo. En efecto, el género negro nunca fue ajeno a la poesía de los callejones, de los tugurios de la época de la Prohibición, de los bares de jazz, de las persecuciones o de cualquier otra ramificación del crimen en los suburbios o en pleno centro de las ciudades, paisajes geográficos de la mayoría de las tramas de las novelas negras, paisajes evidentemente urbanos que se prestaban a ser descritos bajo la pauta poética.
¿Por qué un tipo como yo, con ocho novelas publicadas y otra en camino, publica de repente un libro de poemas? La respuesta es evidente y se encierra en el párrafo anterior: para escribir novela negra hay que haber leído y escrito mucha poesía, y yo tenía el disco duro lleno de versos, de poemas olvidados y de párrafos atiborrados de efímeras metáforas que ahora volverán a existir para arremeter contra las rutinas de los lectores que se atrevan, porque eso es la metáfora: el arma definitiva contra la alienación y el camino recto.
¿De dónde sacó Chandler ese estilo que sentó cátedra? A ese arquetipo de detective descreído, cínico, sarcástico y violento que universalizaron Dashiell Hammett y Carrol John Daly le sumó la metáfora, el símil, la ironía o la comparación, recursos literarios que extrajo de su poesía y arrojó a las calles. Valga esta breve muestra de citas del maestro para comprender lo que digo:
«Con semejante atuendo, el sujeto pasaba inadvertido, tanto como una tarántula sobre un pastel de crema» (Adiós muñeca, 1940).
«Era más bien alta, pero tampoco un poste de telégrafo» (El sueño eterno, 1939).
«Hay lugares en donde no se odia a la Policía, comisario. Pero en esos lugares usted no sería policía» (El largo adiós, 1953).
O esta otra no menos sugerente del genial David Goodis:
«Pensó en lo que estaba ocurriendo; vio a Doris acercarse a la botella, vio la terrible carga reinante mientras la levantaba y el espantoso compañerismo que existía entre ella y la botella. Logró ver la botella elevándose a sus labios, y sus labios al rozar el borde, como si la botella fuera algo vivo y estuviera haciéndole el amor».
Versografía maldita es una recopilación de esas piezas que escribí y que estaban olvidadas en el almacén. En principio, las escribí por necesidad, sin ninguna intención de publicarlas. Más tarde fui haciendo públicas algunas de ellas en blogs y en redes sociales. Finalmente, Albahaca y Jimena, editoras de Tierra Trivium, se interesaron y hoy el libro es una realidad.
Consta de dos partes bien diferenciadas. La primera de ellas es una serie de poemas de verso y rima libre, de corte existencialista tendente al malditismo. Lo que me inspiró fue la propia vida que, no nos engañemos, es caprichosa y cruel. Nos empeñamos en disimularlo para hacer la existencia más fácil, pero nacemos con un único motivo final: morir. Entre el nacimiento y la muerte nos ocurren cosas, a veces cosas horribles y otras no precisamente placenteras. Sin embargo, estas situaciones penosas se prestan a ser interpretadas a través de versos que, curiosamente, componen poemas bellos y capaces de estremecer al lector, que es de lo que se trata.
Envolví mis recuerdos
en plástico degradado,
y los envié al infierno
con acuse de recibo,
sin intención de devolver
los golpes recibidos,
desde aquellos días
en que el tedio y la miseria
eran puñales de acero…
La segunda parte es una recopilación de textos con forma de relatos muy breves. El trasfondo es muy similar al de los poemas, pero esta vez elegí ese tipo de narración que muchos llaman prosa poética. Todos ellos tratan de un tipo que todas las noches va a reflexionar a un banco del parque. Le acompaña un ente indefinido al que él llama «la soledad».
Esta noche la luna se oculta tras grises nubarrones que presagian lluvia. Tormenta dentro y fuera de mi estado de ánimo cuya descripción es inenarrable. Enciendo un cigarrillo y me siento en mi banco del parque. No transcurren ni un par de minutos cuando siento que la soledad se ha acomodado a mi izquierda, como cada noche. Mis pensamientos resbalan por mi piel hasta caer al suelo a plomo. Tras un relámpago y un trueno cuyo sonido reverbera violentamente por el entorno, comienza la lluvia. Un chaparrón violento que me apaga el cigarro y que golpea todo lo que se antepone a su paso. Yo me empapo mientras observo que la soledad no se moja ni un ápice; ella es impermeable a las inclemencias del tiempo. Permanece imperturbable mientras mis esperanzas inexistentes se esfuman por los regueros de agua que penetran en la tierra. Parece como si la tormenta hubiese espantado a las criaturas de la noche con el repiqueteo de las gotas de agua que se han convertido en granizo. No hay ni un alma en el parque que se ha convertido en un paraje aterrador. Curiosamente esta noche estoy más a gusto que nunca. Decididamente esta noche la existencia me parece más real que nunca. Me parece perder la escasa cordura que me queda cuando me sorprendo descalzándome y hundiendo los pies en el barro. Inicio una danza tenebrosa que por una sola vez ilumina mi espíritu cuando los retazos de la luz de un rayo entran en mí violentamente. Ya no controlo mi baile. Me muevo sin control de mí mismo con energía vital renovada. La soledad se aleja por una vereda que lleva a ninguna parte. Y yo la sigo sin poder contener esta maldita danza que parece que me ha poseído. El banco se queda vacío.
Versografía maldita es un artefacto con varias funcionalidades. Por un lado pretende entretener, y este quizás sea el estrato más visible y palpable, el que está más cerca de la superficie. En una segunda capa los textos se leen adivinando ciertas cargas de profundidad relacionadas con la melancolía, la tristeza, la miseria y el tedio que conlleva cierta parte de la existencia, esa relacionada con los sentimientos y que se ha expresado a través de un realismo crudo que emerge a través de la poética. En un tercer estadio nos vamos a encontrar con unos textos que son un directo a la línea de flotación del lector, que va a descubrir en cada una de las piezas una bomba de relojería que solo se desactiva leyendo el siguiente texto, comenzando una huida hacia adelante de la que solo se sale al leer la última línea.
He puesto todo en este libro, como en todos, pero es el primero de esta naturaleza que publico, lo que me hace estar especialmente ilusionado. Y estoy agradecido a las ya citadas Jimena y Albahaca, que han creído en el proyecto desde el principio. Agradezco también a Pedro de Paz, amigo y compañero de letras que me haya hecho el prólogo.
El libro sale a la venta este lunes, 2 de diciembre de 2019. Espero que os guste.
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Autor: Paco Gómez Escribano. Título: Versografía maldita. Editorial: Grupo Tierra Trivium. Venta: Amazon
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